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martes, 9 de junio de 2020

El cocodrilo de Valladolid


La noticia de la posible presencia de un cocodrilo en Pesqueruela (Valladolid) va camino de convertirse en la serpiente de verano de este 2020, con permiso de la pandemia, por supuesto.
Los hechos son los siguientes. El pasado viernes, cinco de junio, un cocodrilo parece haber sido visto por varios testigos-entre ellos, un biólogo-  en la confluencia del rio Pisuerga y el Duero, a la altura de la localidad de Pesqueruela, en la provincia de Valladolid.

Fuente: 20minutos

Rápidamente, ante la posible gravedad del asunto, la Policía Local de Simancas, efectivos de la Guardia Civil, del Servicio de Protección de la Naturaleza del instituto armado (SEPRONA), miembros del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS), con la ayuda de varios biólogos, establecen un operativo de búsqueda del animal cuya longitud se  estima entre 1.5 y 3 metros. Un dron está siendo también utilizado en este área fluvial, aunque la presencia de gran maleza en el lugar no ha permitido resultados positivos.

Por su parte, el alcalde de Simancas, Alberto Plaza, indica que – por precaución- se ha procedido a acordonar la zona donde se ha producido el avistamiento para evitar el acceso al entorno mientras el operativo de seguridad busca al animal. A la espera de que los efectivos hallen al ejemplar, el alcalde no ha confirmado que se trate de un cocodrilo, aunque sí ha admitido que responde a una especie "no habitual en la zona".

Ante la situación generada por el avistamiento del cocodrilo, los alcaldes de las poblaciones vallisoletanas de Tordesillas, San Miguel del Pino y Villamarciel emitieron también sendos bandos municipales para alertar a la población de la posible presencia del cocodrilo a las orillas del río.

"Peligro por la existencia de un cocodrilo en la ribera del río Duero" se puede leer en el bando del alcalde de la entidad local menor de Villamarciel, Francisco Luengo. Avisa además que el animal, que puede haberse escapado de alguna vivienda cercana al río donde lo tuvieran como mascota, "podría resultar muy peligroso" para las personas, por lo que se ruega a la población que, hasta su captura, extreme la precaución y no se acerquen al río, especialmente pescadores y piragüistas.  Con estos bandos, la alarma empieza a extenderse entre los vecinos de la zona, como es comprensible.

Huellas, un pez devorado…

El citado biólogo declaró haber encontrado huellas y restos de un pez devorado. Con estas pistas se especuló que podría tratarse de  un cocodrilo del Nilo, una especie peligrosa, aunque asustadiza. El diario El Norte de Castilla informó el domingo que los expertos encontraron una zona que el cocodrilo puede estar utilizando como nido.

Al comienzo de la tarde de ayer lunes, el equipo de rastreo ofreció declaraciones a los medios actualizando los datos. “Hemos hecho una labor importante esta mañana junto a la Guardia Civil. Hemos hecho un reconocimiento sobre el terreno y las orillas en los puntos donde se había supuestamente avistado con el SEPRONA, y luego un reconocimiento más específico desde el interior del agua con el GEAS. Esas labores conjuntas nos han permitido localizar diversos indicios que no corresponden en ninguno de los casos a un reptil de gran tamaño", comentó Fernando Gómez, jefe del Servicio de Rastreo Forestal de la Asociación Chelonia.
Supuestas huellas de cocodrilo encontradas en la ribera del rio

"Los restos y aplastamientos que hay en la zona correspondían a presencia y paso humano y las huellas no son de diagnóstico y no se puede decidir a qué especie pertenecen”. En resumen, “No hemos encontrado nada, pero seguimos una búsqueda activa. Aunque no encontramos ningún indicio de reptil grande, eso no significa que no esté”, terminaba Gómez que afirmaba que el pez devorado lo había sido por una nutria, con toda probabilidad.

Un nuevo grupo de expertos en reptiles que trabaja para el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico también se sumó ayer a la búsqueda del cocodrilo, según han informado fuentes de la Guardia Civil. Los expertos pretenden rastrear la zona con precaución para evitar que el animal se desplace fuera del área de unos cinco kilómetros en la que se considera que se mantendrá, si no es molestado, para facilitar su captura.

Fuentes de la Policía Local de Simancas explicaron ayer que los biólogos desplazados hasta la zona han colocado unas trampas con carnaza en el río y las riberas para ver si el animal las muerde para determinar para seguir su rastro.

¿Un cocodrilo? ¿En serio?

Además de los detalles que se van conociendo según transcurre la búsqueda, María José Luis -experta del Zoo de Madrid- comentó que las condiciones de habitabilidad del cocodrilo del Nilo no son compatibles con las que se dan en la zona del Pisuerga, ya que la temperatura del río es demasiado baja. Incluso en las últimas horas se especula con la posibilidad de que se trate de una nutria lo que los testigos han podido ver, confundiéndolo con el enorme reptil.

Por tanto, parece poco probable que –en esta ocasión- la búsqueda sea un éxito porque no se trata de la primera vez, ni mucho menos, que un cocodrilo parece haber sido visto en nuestros ríos en las últimas décadas.

Recordemos, por ejemplo, el sonado caso del supuesto cocodrilo avistado en el madrileño pantano de Valmayor (2003) o el bizarro suceso que se produjo en 1998 en la ría del parque Juan Carlos I de Madrid cuando algunos testigos afirmaron ver un cocodrilo paseando entre las aguas artificiales de este parque.

Aunque no hay que olvidar que en  el año 2013, en Mijas (Málaga) fue avistado y encontrado un cocodrilo del Nilo que había también causado temor entre los vecinos de la zona. Esperaremos a ver los resultados de la búsqueda del posible cocodrilo del Pisuerga…



Para saber más:




viernes, 29 de marzo de 2013

Continúa la búsqueda del cocodrilo de Mijas


Efectivos de la Guardia Civil prosiguen la búsqueda del supuesto cocodrilo visto en la zona de Majada Vieja, noticia que ya adelantamos en días pasados. (ver enlace ) Ante la situación real de peligro existente, la concejalía de Áreas Rurales del Ayuntamiento de Mijas ha señalizado los accesos e inmediaciones de las cuatro lagunas de la zona con carteles de advertencia ante la posible presencia de un reptil de gran tamaño.

La decisión de señalizar el perímetro de las lagunas fue adoptada por el alcalde del municipio, Ángel Nozal, tras conocer que los investigadores habían encontrado huellas del animal en el paraje.


"Peligro grave. Cocodrilo suelto" se lee en el cartel. El portavoz del equipo de gobierno, Mario Bravo, ha hecho un llamamiento a los ciudadanos o curiosos que merodeen por la zona para que "eviten adentrarse en los márgenes de las lagunas", ante la posibilidad de un ataque del animal si se siente molestado.

Así mismo, el Ayuntamiento ha decidido instalar una torreta de vigilancia en las lagunas, similar a la que se
utiliza en los puestos de socorro de las playas. Personal municipal vigila desde esta ubicación entre las 11 y las 17 horas cada día, precisamente en la franja horaria en la que es más posible que el aligátor se deje ver en busca del calor solar.

Cristóbal González, concejal de Áreas Rurales, afirma que "ahora esperamos que se pueda cazar y se pueda trasladar a un zoológico o a algún centro especializado. Llevamos semanas observando las lagunas y seguiremos ayudando a la Guardia Civil en todo lo que se pueda."

Parece otro caso de animal fuera de lugar que probablemente no sea nunca apresado...


Huellas encontradas en la zona.
Foto: diariosur.es



martes, 19 de marzo de 2013

Un aligator anda suelto en Mijas


Desde mediados del pasado mes de febrero, agentes del Seprona realizan batidas en una zona de lagunas artificiales ubicadas en el paraje de Majada Vieja, entre Mijas y Ojén, tras el testimonio de dos vecinos que asegura haber visto a un saurio de unos dos metros merodeando por la zona.

Aligator
Según el comunicado que la Guardia Civil ha enviado al Ayuntamiento de Mijas para dar a conocer esta investigación, dos residentes que circulaban con una motocicleta por el entorno hacia las 12 de la mañana del pasado 9 de febrero, divisaron a un reptil de unos dos metros de largo que se desplazaba desde la cuneta y llegó a cruzar el carril terrizo hasta sumergirse en una laguna artificial situada en una finca privada.

El escrito, que se ha reenviado a los ayuntamientos de Marbella y Ojén, además de a las delegaciones provinciales de Gobierno y de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, recoge que se da «bastante credibilidad» a la información aportada por el testigo, quien ofrece detalles como que el animal tiene «la cabeza como plana, alargada, de unos dos palmos de longitud y con dientes en los laterales». En el documento, también se describe al vecino como «un gran conocedor del campo y de las especies autóctonas».

En un principio, se pensó que podría tratarse de un caimán o un cocodrilo debido a la descripción aportada por los testigos, o que el animal hubiera sido confundido con una iguana de grandes dimensiones. Pero el pasado jueves han sido encontradas tres huellas correspondientes a las patas de un aligátor de unos dos metros de longitud y alrededor de 70 kilos de peso en la orilla de una laguna de Mijas.

Laguna artificial en Majada
Vieja. Imagen: diariosur.es
Con el objetivo de localizar al reptil, los agentes y un experto en cocodrilos se desplazaron el pasado jueves a la laguna para tratar de sorprenderlo cuando se expusiese al sol, pero no lograron avistarlo. Sí consiguieron encontrar huellas en el lodo sólido de dos patas traseras "bien señaladas" y de la pata delantera izquierda, cuyo aspecto y tamaño apuntan a que ha estado en dicha laguna un aligátor de entre 1,80 y dos metros de largo, y entre 12 y 18 años, según ha manifestado Enrique Prieto, gerente de Cocodrile Park, con sede en Torremolinos. Prieto está "casi seguro" de que se trata de un aligátor porque es una especie que puede resistir el frío, si se tiene en cuenta que ha podido pasar el invierno en la laguna, ya que tanto el caimán como el cocodrilo "hubieran muerto". Aunque cabe la posibilidad de que haya decidido emigrar a través de un aliviadero del lago, siguiendo el curso del agua hacia un arroyo, el experto espera que siga aún en la zona.

La presencia del aligátor "no es un peligro para nadie", salvo que alguien "lo acose o lo pise", porque en esta temporada "no comen porque las temperaturas no son adecuadas para su sistema digestivo", ha explicado Prieto. No obstante, a partir de mayo o junio, con la subida de las temperaturas, estos animales "empiezan a buscar comida", y si aún no ha sido localizado en esas fechas, cree que "habría que prohibir acercarse al agua".

Enrique Prieto, gerente
de Cocodrile Park
En la laguna, que se ubica en una zona que actualmente es poco transitada, hay mucha vegetación subacuática, lo que permitiría al aligátor ocultarse y pasar allí una o dos horas sumergido. El gerente de Cocodrile Park ha sugerido que se podría buscar la colaboración de voluntarios o vecinos para que observen desde la colina la orilla de la laguna entre las 10:00 y las 16:30 horas, franja en la que "posiblemente podría exponerse al sol".

El aligátor tiene una piel más oscura que el cocodrilo, una cabeza corta y el hocico muy redondeado, con unos colmillos que "se ven poco" cuando tiene la boca cerrada, según ha descrito Prieto.

En el paraje de Majada Vieja, ubicado en las proximidades del límite con el término municipal de Ojén y cercano a la urbanización La Mairena, existen varios largos artificiales conectados por diversos arroyos que podrían ser un hábitat favorable para la supervivencia de este tipo de animales que a juicio de la Guardia Civil "han podido ser introducidos de forma ilegal en nuestro país y después los han soltado o se les han escapado a sus dueños".

En las cercanías de este paraje no existen espacios de ocio natural -como zoológicos o parques de animales- de donde el reptil se haya podido escapar. Prieto tampoco tiene dudas de que el reptil ha llegado hasta la laguna porque "alguien sin escrúpulos" lo ha dejado allí. Por este motivo se ha investigado si algunos vecinos de las zonas colindantes cuentan con colecciones de animales exóticos, pero ninguno dispone de ellas.

Fuente: diariosur.es


viernes, 11 de diciembre de 2020

Serpientes gigantes en los campos de Cuba. Más allá de la leyenda

Por Moisés Mayán


Antecedentes y referencias


En mis incursiones en la criptofauna cubana, la “madre de aguas” seguía siendo una asignatura pendiente. Sin embargo estaba absolutamente seguro, que más temprano que tarde, saldría a seguirle el rastro a alguna de estas criaturas, pero el disparo de arrancada no se producía. Aunque los criptozoológos tenemos fama de ser los “pobres tarados” de la comunidad científica internacional, lo cierto es que trabajamos con los mismos presupuestos que nuestros colegas acreditados. De modo que no iba a lanzarme a desarrollar un sistema de pesquisas, sin antes tener un hilo luminoso del cual tirar.


Aunque es desde 1940 cuando en el campo cubano comienzan a colectarse los testimonios referentes a la “madre de aguas”, lo cierto es que esta criatura no pertenece exclusivamente a la mitología cubana, pues ha estado presente en el imaginario de pueblos latinoamericanos e incluso africanos. Fue en 1940 cuando alumnos de Gramática y Literatura del Instituto de Segunda Enseñanza de Sagua La Grande (Villa Clara), coordinados por la profesora Ana María Arriso, se dedican a recopilar historias sobre los avistamientos de la “madre de aguas” de la laguna de Los Hoyuelos.

Hacia 1962, luego ya del triunfo revolucionario, el notable investigador cubano José Seoane Gallo, recoge otro testimonio al entrevistar al obrero José Miguel Rodríguez, vecino del barrio El Condado. Sin temor a dudas los principales aportes para adentrarnos en el enigma de las “madres de aguas” son los compilados por la labor investigativa del etnólogo Samuel Feijóo y que se pueden consultar en su libro Mitología cubana (1980).

Para contar con una representación visual de esta enigmática criatura, desechando todo lo de sobrenatural que gravita sobre la “madre de aguas” y concentrándonos solo en rasgos morfológicos descritos por testigos visuales, podríamos concluir que nos referimos a un ofidio de gran talla, con escamas gruesas y difíciles de penetrar, que en ocasiones ha sido descrito con dos protuberancias en forma de cuernos sobre la cabeza, e incluso con barbas pilosas bajo la mandíbula inferior. En todos los casos la “madre de aguas”, como su propio nombre sugiere, está asociada a manantiales, ríos, lagunas y pozos profundos, por lo tanto podría insertarse en el índice de serpientes lacustres para su estudio criptozoológico.

El Majá de Santa María, un candidato probable

Si vamos a desentrañar la naturaleza de una criatura como esta es bastante probable que nos esforcemos por relacionarla con algún miembro análogo de la fauna local. En ese caso, los votos favorecen al Epicrates angulifer o Majá de Santa María, una boa cubana de color amarillo dorado con manchas oscuras, que constituye el mayor ofidio de todos los que habitan en la Isla. Resulta sumamente curioso que el Majá de Santa María esté incorporado a una mitología popular que nada tiene que envidiarle a la protagonizada por la “madre de agua”.

Majá de Santa María
En primer lugar, muchos guajiros aseguran que el majá siente predilección por el olor y el sabor de la leche materna humana; intentona quizás involuntaria de anexar a nuestra boa a la tradición de mitos clásicos de las llamadas “serpientes mamadoras” que se replican en numerosas culturas desde la antigua Grecia hasta los relatos nórdicos. Otros mitos en torno al Epicrates angulifer, proponen que el ofidio posee la capacidad de acoplar las secciones de su cuerpo separadas por un machetazo, y además lo ubican como sustituto de las serpientes al servicio de los paleros que descienden de las etnias del reino de Manicongo.

El 4 de enero de 2007, el periódico Juventud Rebelde publicaba un artículo sobre el hallazgo en el batey Armonía en Bolondrón, provincia Matanzas, de un ejemplar juvenil de Majá de Santa María con dos cabezas vitales. A pesar del revuelo que produjo este ejemplar, minuciosamente examinado por el Dr. Tomás Ramón Escobar Herrera, por ese entonces director del Zoológico Nacional, lo que nos parece más interesante es por ejemplo, que en la Amazonía  la “madre de aguas” se ha bautizado como Yacu-mama y de acuerdo a lo publicado por Gina Picart en su blog Hija del Aire, “se dice que es una serpiente acuática de dos cabezas, con un cuerpo enorme y cilíndrico que puede medir hasta 30 metros y devora a quienes se bañan en las aguas donde habita”.

Un año después, el 1ro de julio de 2008, nuevamente el Majá de Santa María volvía a acaparar titulares en el Juventud Rebelde, esta vez luego que un ejemplar de aproximadamente un metro de largo mordiera a la niña Adis Amelia González Tillán de seis meses de nacida mientras dormía en su casa del municipio Cerro en La Habana. El animal atraído quizás por el olor de la leche materna, repitió varias veces sus visitas a la cuna de la pequeña hasta que el padre lo descubrió y lo eliminó valiéndose de su machete. La pregunta que se impone en este momento de la narración es si podemos atribuir el mito de la “madre de aguas” al Majá de Santa María y zanjar esta polémica que lleva siglos enraizada en imaginario del campesino cubano.

En la línea de arrancada

Como les dije con anterioridad no había tenido tiempo para dirigir mis inquietudes científicas a la presunta “madre de aguas” y me encontraba focalizado en críptidos cubanos más convencionales como el carpintero real (Campephilus principalis bairdii) o el almiquí (Solenodon cubanus). Esperaba pasivamente un pretexto para hincar los colmillos en el tema de las desmesuradas serpientes de los campos cubanos, mientras devoraba un libro tras otro sobre religión en busca del necesario marco teórico de mi tesis de Maestría. 

Fue entonces cuando tropecé con una rarísima publicación, el ejemplar único del libro Nuestras raíces adventistas de la Máster en Teología Sara Zaldívar Zaldívar, quien trazaba a grandes rasgos un itinerario de la Iglesia Adventista del Séptimo Día desde su organización en los Estados Unidos en 1863 hasta su asentamiento en el entorno cubano y holguinero.

En la página 64 del único ejemplar del referido título, que además fue impreso por medios propios y para consumo de unos pocos allegados, descubrí la siguiente incitación, que constituiría el ansiado detonante de mi búsqueda de la “madre de aguas”:

El ciclón Flora hizo estragos en las localidades cercanas, como Cauto Cristo. Allí se encontraba la familia adventista de los Montejo. Su casa se anegó en agua, y vieron como entraba por una puerta y salía por otra un gran animal nadando, se le pareció a un cocodrilo”.

¿Por qué a partir de este fragmento determiné que había llegado el tiempo de iniciar las exploraciones? Bueno, para responder a esa pregunta, debo compartirles otra anécdota que me relató Luis Alberto Isidor, también miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Según me narraba este amigo, cuando el ciclón Flora azotó el Oriente de Cuba en el año 1963, una familia de campesinos adventistas de la zona de Cauto Cristo, sorprendidos por la súbita crecida del río Cauto, no tuvieron otra alternativa que escalar al techo de guano de su casa mientras esperaban por las brigadas de rescate y salvamento.

De pronto, notaron que en aquel océano de sedimento venía flotando el tronco de una palma. Cuando estuvieron más cerca del objeto descubrieron que la supuesta “palma” se movía de forma extraña, y solo entonces se percataron que no se trataba de un tronco, sino de una serpiente gigante. Las mujeres entraron en pánico y amenazaron con lanzarse al agua buscando alejarse del animal, sin embargo el ofidio envolvió su cuerpo a las ramas de un árbol y permaneció unos minutos observándolos fijamente con sus grandes ojos amarillos. Luego se soltó de las ramas y siguió nadando arrastrado por la corriente.

El ciclón Flora fue algo así como la versión cubana del diluvio bíblico, pues además de un millar de víctimas, arrasó con viviendas, puentes, miles de caballerías de arroz, campos de caña, cafetales, servicio eléctrico, e incluso Fidel Castro sufrió un accidente cuando el vehículo anfibio donde viajaba se hundió en el cruce del río La Rioja. Es común que ante el paso de estos eventos naturales, algunas especies sean desplazadas de sus hábitats y aparezcan en zonas desacostumbradas, por lo tanto los avistamientos de grandes animales nadando en las aguas del Cauto durante el Flora, poseían cierta explicación factible.

Con estas dos contribuciones al fenómeno de la “madre de aguas” le pedí a Sara Zaldívar, que de ser posible me revelara la identidad del informante que le había transferido la anécdota recogida en su libro y ella me facilitó un nombre, Aracelis Sánchez. En el caso de Luis Alberto Isidor, solo amplificaba un relato que llegó hasta él producto de la tradición oral, pero no conseguía aportar un informante en particular, de manera que me dispuse a visitar cuanto antes a Aracelis Sánchez. Con las preguntas iniciales a esta amable anciana de más de ochenta años, pude determinar rápidamente que sus aportes no irían más allá de lo mencionado en el libro de Sara Zaldívar; es más, ni siquiera había sido ella la que presenció el raro animal, sino la familia Montejo, con los que mantenía relaciones de parentesco.

Información de primera mano

Un poco desanimado, me puse en pie para concluir con la visita cuando Aracelis me anunció que sus primas Élida y Eva Montejo sí habían observado la criatura en 1963, que ambas estaban vivas aunque muy mayores, y que de Eva, tenía no solo la dirección sino también el número teléfono. Casi doy un salto en la pajilla del sofá donde permanecía sentado junto a mi esposa. Aracelis se levantó del balance y regresó con una pequeña libreta de notas que temblaba en sus manos. Yo mismo localicé los datos, agradecí, y tres minutos después estaba llamando a Eva Montejo.

El hombre que salió al teléfono me pidió que le hablara alto, pues producto de la edad, Eva afrontaba serias limitaciones con su audición. En cuanto la voz quebradiza de la anciana sonó del otro lado de la línea, supe que no había elaborado un argumento convincente para que me abriera las puertas de su casa, y accediera a ser interrogada. Imaginen que digo algo como esto: “Hola Eva, soy un criptozoólogo y ando tras la pista de una serpiente gigante conocida como ‛madre de aguas’, además tengo buenas razones para asegurar que lo que atravesó su casa en octubre de 1963, no fue ningún cocodrilo sino una de esas enigmáticas criaturas, ¿cree que puedo entrevistarla?”

Ya sé que les suena descabellado, así que preferí aferrarme al vínculo que de alguna forma nos unía a Sara Zaldívar, Aracelis Sánchez, Eva Montejo y a mí, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. “Producto de la cercanía del fin de año estamos visitando a algunos hermanos que no pueden asistir a la iglesia, y nos gustaría conversar con usted”, fue todo lo que dije, algo que era además una verdad irrefutable. Cuando Eva Montejo colgó el teléfono, yo contaba con una carta ganadora en mi poder. Un día, miércoles, y una hora, dos y treinta de la tarde.

El autor, Moisés Mayán

Aunque no lo crean, entre este párrafo y el anterior hay setenta y dos horas de diferencia. He estado comiéndome furiosamente las uñas y caminando de aquí para allá sin conseguir concentrarme en otro objetivo que no fuera la visita a Eva Montejo. Anoche me levanté a las dos de la madrugada y a pesar de zamparme un ansiolítico no pude conciliar el sueño. Lo que en verdad me mantenía en vigilia no era tanto el hecho de encontrarme con Eva Montejo, sino la posibilidad de que su testimonio desarticulara la hipótesis en la que se fundamentaba mi trabajo de investigación. Eva y su hermana Élida, quien me aseguraron vivía todavía en la región de Cauto Cristo, provincia Granma, eran presumiblemente las únicas dos personas que habían visto en todo el Oriente del país una “madre de aguas”, y tomando en consideración que Luis Alberto Isidor no podía facilitarme un ser de carne y hueso apuntalando su relato, más que un informante clave, Eva se convertía en mi única fuente primaria.

Ya sé que a los cubanos no nos distingue la puntualidad, pero a las dos de la tarde yo estaba sentado en la sala del apartamento de Eva Montejo, mientras su esposo le anunciaba que había llegado la visita. Sostenida por su compañero de la vida, Eva irrumpió en la sala auxiliándose de un bastón metálico con empuñadura plástica. Su apariencia era tan frágil que por unos segundos pensé que no podría llevar a cabo nuestra conversación. “¿Usted fue el que llamó por teléfono?”, me pregunto mientras se acomodaba los cojines en la espalda. Asentí con la cabeza y acerqué mi butaca a su asiento para que pudiera escucharme mejor. Era el 9 de diciembre de 2020.

Efectos del ciclón Flora en Cuba (1963)

Necesitaba regresar a un episodio puntual ocurrido cincuenta y siete años antes, y además reunir el mayor número de detalles posibles. Era una tarea titánica, pero ya que había llegado a ese punto me disponía a proseguir hasta el final. “Era octubre de 1963, el ciclón Flora cruzaba por el Oriente de Cuba y las fuertes lluvias provocaban inundaciones severas. Las aguas del río Cauto subieron desproporcionadamente y llegaron hasta el caserío de Pestán…” En ese punto Eva me interrumpió: “Fue algo terrible, parecido a un diluvio, la gente se subía a los techos, dentro de la casa el agua nos llegó hasta las rodillas”. “¿Y quiénes estaban con usted?” “La familia, mi padre, mis hermanos, mi madre no, porque estaba ingresada en Bayamo. Todos éramos cristianos”. “¿Y Élida estaba ahí?” “Sí, Élida también”. “¿Ella vive todavía en Cauto Cristo?” “Sí, pero tiene un hijo muy enfermo, pobrecita”.

El esposo se puso en pie justo detrás de Eva y me aclaró que Élida había muerto recientemente, pero que preferían que ella no se enterara. Tomé una bocanada de aire helado y me dispuse a afrontar el núcleo duro de la entrevista. “Según me contó su prima Aracelis, ustedes vieron un animal muy grande que entró nadando a la casa”. “¿Un qué?” (Pensé una vez más que la investigación se iría a pique). “Un gran animal que entró nadando por una puerta y salió por la otra”. “Ah, sí fue algo muy grande, largo, rollizo, con la piel manchada, pero no me dio miedo. Atravesó en silencio toda la casa”.

“¿Se le parecía a algún animal conocido?” “No sé, solo que era muy grande y alargado”. “¿Sus familiares qué opinaron sobre esa criatura?” “Nada, ellos no lo vieron, solo yo lo vi. Es increíble que Aracelis se acuerde de esa historia”. “Hay también un libro donde se narra brevemente su encuentro con el animal”. “¿Sí?” “Sí, se dice incluso que era un cocodrilo”. “No, no era un cocodrilo, era otra cosa. Recuerdo muchos detalles de ese día. Vino a visitarnos un muchacho en su caballo y luego nos enterábamos que se había ahogado, fue muy doloroso”.

En la punta de la lengua me escocía una incógnita más: ¿Sería como una serpiente gigante? ¿Una serpiente mucho más grande que cualquier Majá de Santa María que usted hubiera visto? Pero temía estar manipulando un testimonio de tanto valor, así que di por terminada la entrevista, sintiéndome absolutamente satisfecho. En primer lugar porque poseía la seguridad de que aquel misterioso animal no era un cocodrilo. En segundo, porque recientemente había estudiado la ictiofauna de la región biogeográfica del Cauto, y por esa fecha, ningún pez podría exhibir esa talla, y mucho menos, una piel moteada. En tercero, porque contaba con una historia complementaria de la misma zona, durante el mismo fenómeno climatológico, donde una familia de campesinos había avistado desde el techo de su casa una serpiente que inicialmente confundieron con una palma.

A modo de conclusiones

El Epicrates angulifer puede llegar a medir unos seis metros de longitud, y a simple vista su cuerpo exhibe manchas de color marrón o amarillo oscuro, pero me parece que hacerlo coincidir con la criatura que protagonizó estos dos avistamientos sería poco menos que arbitrario. Si bien, el presente trabajo y las decenas de testimonios recopilados en Cuba desde 1940, no constituyen pruebas definitivas de la existencia de la “madre de aguas”, quizás si apunten a la presencia de boas gigantescas en nuestros campos, un hecho que los científicos convencionales no están dispuestos a admitir. Se creía mayoritariamente que las “madres de aguas” se habían asentado por la caprichosa evolución de la leyenda en el centro de la Isla, sin embargo en Oriente donde se encuentran el río más caudaloso de Cuba, el Toa, y el más largo, el Cauto, las referencias a este legendario ser son casi nulas.

Podemos afirmar con incuestionable certeza que desde hace unos sesenta años no se reportan avistamientos de la “madre de aguas” en el archipiélago, por lo tanto quizás estemos asistiendo a la paulatina desaparición de un mito que no preocupa en lo más mínimo a las jóvenes generaciones. Sin embargo, en julio de 2020 la prensa cubana anunciaba el descubrimiento de una nueva especie de serpiente la Tropidophis steinleini sp. nov, quien hasta la fecha no tiene nombre común. Según el propio artículo, “la única hembra conocida se asoció con una vegetación xérica formada por baja sequía, matorrales y cactus, en los alrededores costeros semidesérticos del faro de Punta Maisí. La serpiente fue encontrada en el borde cementado de un pozo, probablemente en busca de agua”.

Tropidophis steinleini sp. nov

Aunque no estamos hablando de un ofidio gigante, la aparición de una nueva especie deja siempre abierta la posibilidad de que existan muchas otras que aún no han sido catalogadas y autenticadas por un comité de expertos. Por el momento las serpientes gigantes en Cuba continuarán ovilladas en los oscuros pozos del folclor campesino, un patrimonio intangible al que deberíamos aferrarnos con uñas y dientes. Cuando a fines de 2019, el grupo de teatro Los cuenteros de San Antonio de los Baños en Artemisa, llevó a escena ―como celebración por sus cincuenta años― la obra Cyriano y la madre de aguas, quise pensar que todavía no hemos renunciado por completo a ese mundo de fabulación incesante que arraigó en nuestros campos plantado por la buena mano del guajiro.

Agradecí al excelente dramaturgo matancero y amigo personal, Ulises Rodríguez Febles, por la escritura en 1998 de Cyriano y la madre de aguas, y mientras abrazaba quizás por última vez a Eva Montejo, en una fría tarde de diciembre, volví a ver a través de sus ojos, aquel extraño animal, largo y rollizo, con la piel manchada, que por lo menos para mí, será siempre una “madre de aguas”.

 

Bibliografía consultada:

Feijóo, Samuel: Mitología cubana, Letras Cubanas, La Habana, 2003.

Periódico Juventud Rebelde, (4 de enero de 2007, 1ro de julio de 2008, y 21 de septiembre de 2008).

Picart, Gina: “Madre de agua a la cubana” en blog Hija del Aire, 4 de agosto de 2010, disponible en https://ginapicart.wordpress.com/2010/08/14/madre-de-agua-a-la-cubana/

Revista de folklore, Fundación Joaquín Díaz, No. 449, España, julio 2019.

Rivero Glean, Manuel y Gerardo E. Chávez Espínola: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2005.

Zaldívar, Sara: Nuestras raíces adventistas, Impreso por medios propios, Holguín, 2017

www.cubadebate.cu/noticias/2020/07/25/una-nueva-especie-de-serpiente-para-cuba-fue-hallada-en-punta-de-maisi/


viernes, 9 de marzo de 2018

Criptozoología bíblica: la búsqueda de la verdad, por Moisés Mayán



Moisés Mayán continúa su colaboración en Criptozoología en España, abordando de modo audaz un tema tan interesante como polémico, el de los animales misteriosos en la Biblia. Para quien no conozca aún a este pionero de la divulgación criptozoológica cubana, les ofrecemos una pequeña semblanza de su biografía:

Moisés Mayán Fernández (Holguín, Cuba, 1983): Licenciado en Historia. Poeta, narrador y editor multipremiado. Ha publicado los libros de poesía Fábula del cazador tardío (2007), El monte de los transfigurados (2009), Cuando septiembre acabe (2010), El cielo intemporal (2013),  Raíz de yerba mate (2015) y Estética de la derrota (2017). Muestras de su obra aparecen en numerosas antologías en Cuba y en el extranjero. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Colaborador asiduo de boletines, revistas y blogs de temáticas diversas. Aficionado a la criptozoología y a la pesca deportiva.



Y, ahora sí, estimados lectores, disfruten del artículo...


Criptozoología bíblica: la búsqueda de la verdad, por Moisés Mayán

Desde hace 22 años me considero un lector avezado de la Biblia. Podría repetir de memoria una extensa lista de pasajes, gracias a mi costumbre de separar por lo menos dos horas diarias para revisitar fragmentos específicos, auxiliándome de comentarios y diccionarios, empleo además una treintena de versiones, y he terminado antes de éste, un centenar de artículos sobre los más diversos temas que emergen en esa sopa primordial que son las Escrituras. Ahora bien, ¿por qué este preámbulo que para ser francos transpira una fastidiosa impertinencia?

Debido a mi ética como autor, jamás me atrevería a exponer criterios más o menos arriesgados, sin un conocimiento previo de la bibliografía fuente de estudio, en este caso, la Biblia. Criptozoología y Biblia sugieren dos extremos opuestos en el campo de la investigación; o teología o "pseudociencia" dedicada al estudio de criaturas misteriosas. Nada de coexistencia pacífica. ¿A quién podría ocurrírsele que existan vasos comunicantes entre dos universos tan disímiles? ¿Entender la Biblia como el texto pionero de las publicaciones criptozoológicas, no es acaso una paranoia colosal?

Monstruos marinos y serpientes voladoras

Concédanme por favor el beneficio de la duda en los siguientes párrafos y colóquense escafandras para inmersiones profundas en la letra del canon sagrado. En la primera página de la Biblia, en el capítulo inicial, surge un versículo que desde niño me ha puesto los pelos de punta: "Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno". Génesis 1: 21 (Reina Valera, 1960). La incógnita se desprende como una fruta madura: ¿A qué se refiere la Biblia con el término grandes monstruos marinos? ¿Es un simple guiño del escritor del Génesis al megalodón o a cetáceos extintos como dorudones o basilosaurios, al architeuthis o calamar gigante, o a algunas especies de la fauna abisal que desconocemos? 

Recreación de un basilosaurio

Algunos traductores bíblicos optaron por el facilismo de suprimir el calificativo "monstruos marinos" e instalar en su lugar, con mucha sangre fría, el sustantivo "ballenas". Eso está muy bien, pero tengo un As bajo la manga, el primero de muchos. Las Sagradas Escrituras Versión Antigua, que son algo así como la revisión llevada a cabo por el misionero Martin Russel Stendal de la Biblia del Oso de Casiodoro de Reina, aparecida en 1519, relaciona el mismo versículo 21 pero incorpora estas variaciones: "Y creó Dios los grandes dragones, y todo animal que vive, que las aguas produjeron según sus naturalezas, y toda ave de alas según su naturaleza; y vio Dios que era bueno". ¿Qué les parece? ¿En qué espiral sintáctica debe implicarse un dragón para salir convertido en ballena? Me perdonan, pero tergiversar estas asociaciones, es casi tan fascinante como el trabajo de los criptozoólogos.

Representaciones de ballenas en mapas medievales

¿Y si Martin Russel manifestaba debilidades por la criptozoología y fabulaba con monstruos imaginarios? Confieso que esa movida equivale a un jaque de caballo; me obligarán a desempolvar los idiomas originales. Ustedes fueron los incitadores y no me queda de otra. La palabra hebrea para monstruos marinos es tanninim, ¿tienen idea de su significado? Según la utilización del mismo vocablo en otros textos de las Escrituras como Éxodo 7: 9, 10, 12, Isaías 51: 9 ó Ezequiel 29: 3, las traducciones más certeras de tanninim serían "culebra" o "dragón". Tomemos un respiro.

Serpiente de Le Serrec

Cuando pienso en los monstruos marinos del Génesis, germinan en mi mente de fabulador, entre otras criaturas, los antepasados de la serpiente de Robert Le Serrec, fotografiada y filmada el 12 de diciembre de 1964, o los seres fantásticos de perfiles imprecisos y ondulantes que se aproximaban en las noches para curiosear bajo los troncos de la Kon-Tiki, donde el incorregible Thor Heyerdhal y sus cinco tripulantes trataban de alcanzar las islas polinesias, o el kraken, o el leviatán, sobre el que volveremos más adelante.



Pero ya que estamos hablando de serpientes pasemos la página, ¿bien? En el capítulo 3 del propio libro de Génesis, la maldición que recae sobre la víbora por seducir a la mujer, resulta a todas luces contraproducente, juzguen ustedes mismos: "Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida". Génesis: 3:14 (RV, 1960). ¿Qué tiene de extraordinario este pasaje? ¿Me dan otro momento? Si profundizamos bajo la corteza del texto, y en concreto, en las especificidades de la maldición, ideas como "sobre tu pecho andarás y polvo comerás", suenan a todas luces redundantes.

Es eso justamente lo que hacen las víboras, reptar sobre su vientre dejando huellas sinuosas en el polvo. ¿En eso consiste la maldición? Es como si me condenaran a caminar erguido sobre mis dos extremidades inferiores, eso no es una maldición, es mi naturaleza. Ahora, todo cambiaría si la serpiente edénica no fuera exactamente como el crótalo cornudo que conocemos, solo por ponerles un ejemplo. Recordemos que unos versículos antes la Biblia enfatiza que "la serpiente era el más astuto de todos los animales del campo" (Génesis 3: 1).

Quetzalcóatl. Museo del Sitio de
Teotihuacan (México)
Observen este aporte que realiza la autora norteamericana Elena White en su libro Patriarcas y profetas: "La serpiente era en aquel entonces uno de los seres más inteligentes y bellos de la tierra. Tenía alas, y cuando volaba presentaba una apariencia deslumbradora, con el color y el brillo del oro bruñido. Posada en las cargadas ramas del árbol prohibido, mientras comía su delicioso fruto, cautivaba la atención y deleitaba la vista que la contemplaba". 

La lectura me ha dejado perplejo por un minuto, sobre todo porque la imagen que nos lega esta autora, con su vívida descripción de la serpiente edénica, apunta a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de las culturas mesoamericanas, jerarquizada en el panteón prehispánico. ¿Conocían los toltecas las características de la víbora edénica antes de la maldición? Esa es harina de otro costal.

Diez avistamientos del unicornio

Continuemos entonces en nuestra búsqueda de críptidos bíblicos. Les propongo examinar el inofensivo texto que encontramos en Job 39: 9 (RV, 1960). "¿Querrá el búfalo servirte a ti, o quedar en tu pesebre?" ¿Y cuál es el conflicto de esta porción? Si nos encadenamos a la Versión Reina-Valera, 1960, debo confesarles que ninguno, pero si echamos mano una vez más a la Versión Antigua, entonces aflora un atractivo dilema, aquí les va el segmento: "¿Por ventura querrá el unicornio servirte a ti, ni quedar en tu pesebre?" Frente a la palabra hebrea reʼém los traductores vuelven a aventurarse con posibles significados tales como rinoceronte, toro salvaje, uro, búfalo, e incluso, algunos afirman que el unicornio mencionado en la Biblia pudiera estar asociado al elasmoterio, una gigantesca bestia del Pleistoceno con un cuerno que alcanzaba los dos metros de longitud.

Recreación del elasmoterio

La polémica esbozada alcanza su clímax cuando nos percatamos de que Job 39: 9 no es un solitario versículo que navega a merced de los vientos en el proceloso océano bíblico. Una búsqueda rápida en las páginas de la Versión Antigua arrojará una decena de avistamientos más (Números 23: 22, 24: 8; Deuteronomio 14: 5, 33:17; Job 39: 9-10, Salmos 22: 21, 29:6, 92:10, Isaías 34: 7). No vamos a desgastarnos tratando de decodificar cada uno de estos pasajes, sin embargo me gustaría que se tomaran la molestia de ubicar el objetivo de su microscopio sobre Deuteronomio 14: 5. Leámoslo por favor en la Versión Antigua: "El ciervo, el corzo, el búfalo, y el cabrío salvaje, y el unicornio, y el buey salvaje, y la cabra montés". En esta sala de taxidermia bíblica yacen inmóviles todos los animales que le disputan el dominio al unicornio.

Pero hay un minúsculo dato que rebota frente a mis ojos como un balón de básquet en la mano de Lebron James, y eso me perturba. La propia Versión Antigua, ubica un paréntesis, que he omitido con toda intención, luego de la palabra unicornio y esclarece (rinoceronte). ¿Entonces? Para proyectar un tímido cono de luz sobre esta sala hermética, deberíamos tomarnos tiempo para uno de los pasos básicos del procedimiento de rutina en el modus operandi de cualquier investigador del canon bíblico. ¿En qué contexto se encuentra enclavado el pasaje?

La caza del unicornio, en el bestiario medieval Physiologus

Pues a esa península queríamos llegar. Deuteronomio 14: 5 forma parte de la relación de los animales limpios e inmundos, que descubrimos con anterioridad en Levítico 11: 1-47. En el versículo 6 del propio libro, nos topamos con la ley general que define la clasificación en comestibles o no de los cuadrúpedos, y explica enfáticamente: "Y todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales, ese podréis comer". Esta "inocua" información descalifica al rinoceronte por no tratarse de un rumiante, y nos asegura que jamás los filetes de este animal estuvieron en el menú de las tabernas hebreas del éxodo desde Egipto a Canaán.

Por lo tanto, la especificación aportada en esta muestra particular por Martin Russel no procede. ¿Señor Sabelotodo me gustaría preguntarle si el unicornio era comestible? Aunque como podrán sospechar no tengo colgando en mi cocina un buen tasajo de unicornio, la familiaridad de esta criatura con el caballo la convertiría de hecho en un rumiante, y en no pocas representaciones del mitológico ser (estoy pensando en la serie de tapices flamencos La dama y el unicornio) lo observamos con patas terminadas en pezuñas clásicas.

Ciertos eruditos opinan que los unicornios en realidad eran toros que al ser dibujados de perfil en decoraciones y bajorrelieves como los de la puerta de Ištar en la antigua Babilonia, exhibían un solo cuerno, pero no vamos a invertir nuestro tiempo en comentar estas aseveraciones. ¿Alguien tiene otra pregunta?

El Nessie y el Big Foot de la Biblia


Yaveh señalando a Behemot y Leviatán,
ilustración de William Blake para su
Libro de Job


Estoy afilándome los dientes, porque después de estas divagaciones iniciales voy a lo que en realidad me magnetiza; dos criaturas que serían algo así como el Nessie y el Big Foot de la Biblia: el leviatán y el behemot. Concentremos esfuerzos en el mediático leviatán con cinco apariciones en el Antiguo Testamento, una descripción morfológica asombrosa, y un poder de fascinación capaz de seducir a reconocidos autores como Thomas Hobbes y Paul Auster. En Job 41: 1-34 encontramos, lo que no solo podría estimarse como los apuntes de un testigo presencial, sino el resumen de un experto en biología marina.






Realizaré solo las acotaciones que me resulten inobjetables. El capítulo 41 del libro de Job plantea convincentemente la imposibilidad de atrapar a este monstruo, con cuerdas o anzuelos (métodos tradicionales de pesca); de igual modo reseña que su piel no puede cortarse empleando cuchillos, ni el arpón perforaría su cráneo, presenta escamas yuxtapuestas como escudos trabados entre sí, su boca expele llamaradas de fuego, todas las armas son como hojarasca en comparación con su fuerza, hace hervir como una olla el mar profundo, y finalmente, se considera un animal exento de temor.

¿Saben qué hacen con este irrefutable inventario de argumentos algunos traductores contemporáneos? Pues bien, llegan a la conclusión de que se trata del cocodrilo, así sin más, el leviatán es un vulgar cocodrilo y punto. La Traducción de la Biblia al Lenguaje Actual (2004) ni siquiera usa la palabra leviatán, directamente embute al cocodrilo en su lugar, y problema zanjado. En Isaías 27: 1-2 (RV, 1960), el tema leviatán vuelve a la carga con nuevos aportes: "En aquel día Jehová castigará con su espada dura, grande y fuerte al leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar. En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo". Por favor que alguien me ayude a ver al caimán en este estanque. ¿Cómo un consejo de eruditos serios y versados, pudo convertir la transliteración hebraica liuwyathan en cocodrilo? Un misterio más.

Leviatán, Behemot y Ziz
Otros investigadores, con una marcada tendencia a interpretaciones simbólicas de cuanto animal asome en las amplias superficies de los mares bíblicos, exponen que el leviatán es sencillamente una alusión a Satanás, la serpiente antigua que será destruida al fin de los tiempos. Para esos correctos espiritualistas, pruebas tan convincentes como la estructura ósea de un livyatan melvillei desenterrado en las arenas del desierto de Pisco, en Perú, significan poco menos que un mal pensamiento. Todavía nos queda un monstruo, una fabulosa criatura que no tiene nada que envidiarle a un vehículo blindado de la infantería.

Cautivo tras los barrotes del libro de Job, en el capítulo 40: 15-24 (RV, 1960), podemos echarle un vistazo al behemot. "He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; hierba come como buey. He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre. Su cola mueve como un cedro, y los nervios de sus muslos están entretejidos. Sus huesos son fuertes como bronce, y sus miembros como barras de hierro. Él es el principio de los caminos de Dios (…) Se echará debajo de las sombras, en lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos. Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo rodean. He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta; tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca. ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante, y horadará su nariz?"

Behemot
El nombre behemot es la transliteración de la forma plural del sustantivo común hebreo behemah, que habitualmente se asocia a significados como bestia, ganado o animal. ¿Qué opinan al respecto la mayoría de los eruditos? Bueno, pues nada, afirman que es el hipopótamo, el elefante, o el búfalo de agua, pero el hipopótamo es el que más votos se adjudica en el casting para interpretar al behemot. No he descubierto una manera oportuna de hacer coincidir la cola del hipopótamo con la imagen "su cola se mueve como un cedro", pero después de todo no soy un erudito, así que mi materia gris debe tener más huecos que un queso suizo, y después de todo esta es también una duda de los wikipedistas.

Me causa una ligera perturbación el establecimiento del hipopótamo como "principio de los caminos de Dios", pero no voy a escarbar en esas posturas. En el libro de Enoc tropiezo con el siguiente fragmento: "Ese día se harán salir separados dos monstruos, unos femenino y otro masculino. El monstruo femenino se llama Leviatán y habita en el fondo del mar sobre la fuente de las aguas. El monstruo masculino se llama Behemoth, se posa sobre su pecho en un desierto inmenso llamado Duindaín, al oriente del jardín que habitan los elegidos y los justos, donde mi abuelo fue tomado, el séptimo desde Adán el primer hombre a quien el Señor de los espíritus creó".

Libro de Enoc
Solo que el libro de Enoc es un apócrifo, un texto desterrado del canon bíblico y por lo tanto no es sustancia para esta sopa. ¿Es la Biblia el primer muestrario de criaturas criptozoológicas del mundo antiguo? ¿En sus páginas subsiste el germen de los avistamientos de monstruos que han azuzado polémicas durante siglos? ¿Fueron los profetas los pioneros de esta ciencia, milenios antes de que John Wall acuñara el término "criptozoología"? Esta monografía no contiene las respuestas, ni siquiera pretende esbozarlas, trazar meridianos y coordenadas; mi propósito ha sido apalear el avispero, agitar el capote en los mismos belfos del toro de lidia, y a ustedes, en los tambaleantes días del futuro, les corresponderá develar el misterio. Las preguntas, por lo menos las mías, ya están hechas.



Moisés Mayán, 2018