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lunes, 1 de abril de 2024

Actualidad criptozoológica

Hace pocas fechas estuve repasando la actualidad del fenómeno criptozoológico con el amigo Fernando Chapí en su programa Misterios al Anochecer, emitido en Youtube y en Radio Arequipa Internacional FM.


Estuvimos comentando el reciente artículo publicado en la revista Astrobiology sobre la presencia constatada en nuestra atmósfera de previda basada en plasma, lo que nos lleva a recordar la teoría biosférica defendida por el investigador Daniel Ranzanz desde hace años y al curioso caso del Ser de Evora ocurrido en Portugal en los años cincuenta del siglo XX.

Continuamos repasando revistas y nos detenemos en el artículo publicado por mí en el número de febrero de Phenomena titulado "Caimanes, tiburones y tritones en Madrid" , en el que repaso algunos de los hallazgos más surrealistas que han ocurrido en la capital española en los últimos años en relación a animales marinos y lacustres.

Recordamos también la última e interesante entrevista al anatomista y antropólogo  Jeff Meldrum acerca de la posible existencia de hombres salvajes  realizada por parte de los amigos del blog Stange Reality y hablamos de una novedad editorial: "Homínidos, humanos, humanoides", del historiador Fernando  J. Soto Roland. Una colección de ensayos escépticos sobre la existencia de pie grande y sus primos alrededor del mundo, al que –en breve- dedicaré una extensa reseña en el blog pero del que avanzamos unas pinceladas.

Por último, sin salir de Argentina, celebramos el 102 aniversario de la Expedición Onelli con los últimos avistamientos de Nahuelito y la existencia del parque de su nombre y la ruta Lago del Plesiosaurio de El hoyo, dispuesta a competir con su lejano pariente Nessie en atraer turistas ávidos de emociones relacionadas con plesiosaurios.

Terminamos la charla con un par de pinceladas de casos españoles que estamos investigando actualmente: la posible presencia –hace unas décadas- de una extinguida alca gigante en Almería y el bizarro y actual encuentro de un joven castellonense con un hombre cabra, caso del que el compañero JM Serón nos ofrecerá más datos en breve.

Puedes escuchar el programa en este enlace. Espero que sea de vuestro interés.



sábado, 10 de abril de 2021

Nueva publicación sobre el extinto bucardo


Los lectores de Criptozoología en España ya conocen la historia de Laña, la última ejemplar de su especie que falleció en Ordesa en el año 2000. También saben de los intentos de clonación que se realizaron en años posteriores utilizando embriones congelados y sus relativos éxitos. Si quieres saber un poco más acerca de la historia del último gran mamífero desaparecido en España, un grupo internacional de científicos ha publicado un nuevo estudio sobre el bucardo.

Laña, conservada en Ordesa

Hace 21 años que Laña  moría en el Parque Nacional de Ordesa. Tenía 13 años y pesaba 53 kilos.  Un año antes de su muerte, la bucarda fue capturada para extraerle material genético. Sus células se congelaron en nitrógeno líquido para intentar su clonación en el futuro. Esa era la única solución que se apuntaba para mantener el patrimonio genético de la especie. El proceso de clonación comenzó en 2003, consiguiendo que una cabra pariera una copia exacta de Laña. No obstante, falleció a los pocos minutos como consecuencia de problemas respiratorios.

El cuerpo se trasladó a la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, donde un equipo de investigadores lo documentó. Finalmente, fue disecado y -durante una década- estuvo abandonado en el taller de taxidermia de los Causapié, en Zaragoza, encargados de su conservación. A finales de 2012, casi 13 años después de su muerte, Laña fue llevada al centro de visitantes de Ordesa, donde aún descansa en una vitrina a la vista de todos.

Una especie poco común

La distribución de esta subespecie de cabra ibérica se limitó casi exclusivamente a los Pirineos franceses y españoles. Su primera mención en un documento oficial escrito, que data de 1767, ya se refiere a él como extremadamente raro.

Como muchas otras cabras montesas, estuvo casi extinguida antes de que se prohibiera su matanza en 1913. Ni la creación del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, ni un posterior proyecto de conservación con financiación del programa europeo LIFE pudieron detener la extinción del bucardo, oficialmente desaparecido el 6 de enero de 2000. Biólogos y guardas forestales así lo manifestaron, aunque también aclaraban que “había desaparecido hacía 100 años”.

La extinción de la subespecie era temida desde principios de siglo, cuando apenas quedaban una decena de ejemplares en el cañón del río Arazas de Ordesa. En 1996 se capturó a una de ellas para cruzarla en cautividad, pero este proyecto no tuvo éxito. También fracasó el segundo intento, cuando se soltaron dos machos de cabra hispánica en la zona donde habitaban los bucardos para potenciar la reproducción. Después vino el ya mencionado intento de  clonación, en 2003.

La caza furtiva, una mala política de conservación y comportamientos poco respetuosos acabaron con el animal más representativo de los montes de Ordesa. Para obtener más información sobre las causas de su extinción, un equipo de científicos de siete países creó una base de datos de todos los especímenes de museos conocidos y reconstruyó la historia demográfica del Bucardo basándose en pruebas de ADN.  Su investigación se publica ahora en la revista Zoosystematics and Evolution, de acceso abierto y revisada por expertos.

"Si no hubiera sido por la acción del hombre hoy sería un animal con población sana. La protección llegó demasiado tarde", considera Michael J. Jowers, uno de los autores del trabajo. Kees Woutersen, también firmante, lo apoya: "Nunca vamos a saber lo que pasó, pero todo apunta a que fueron causas humanas".

"Fuentes medievales como las crónicas de caza de Gaston Phébus (1387-1389) revelaron que la cabra montés pirenaica era abundante, pero este animal emblemático se convirtió en un objetivo común para los cazadores de trofeos durante los siglos XIX y XX, lo que provocó una disminución incesante según varios autores", explican en el artículo.

Pérdida de diversidad genética

El equipo de investigación descubrió que después de una expansión de la población entre hace 14.000 y 29.000 años, se produjo una pérdida significativa de diversidad genética entre aproximadamente 15.000 y 7.500 años, que continuó hasta el presente. En ese momento, el bucardo también vivía fuera de la cordillera pirenaica, pero, gradualmente, su distribución se redujo a un solo valle en el Parque Nacional de Ordesa.

"A mí lo que me ha llamado la atención es el estudio genético. En el estudio se ha demostrado que empezaron a tener problemas genéticos hace miles de años, incluso 15.000. Hubo endogamia, al cruzarse con sus padres, hijos…", manifiesta Woutersen. "Un estudio reciente de todo el genoma de todas las especies de cabra montés europea evidenció un patrón de baja diversidad genética y alta endogamia, consistente con una estructura genética general bien definida que sigue a la deriva genética después del aislamiento”, se lee en la introducción del artículo. Apuntan que "existe una fuerte evidencia de que el severo cuello de botella causado por la caza amplificó los altos niveles de consanguinidad y homocigosis", lo que posiblemente redujo la fertilidad de la población.

Fuente: publico.es

Para arrojar algo de luz sobre la historia demográfica de la cabra montés de los Pirineos, han reconstruido su historia demográfica en base a secuencias de ADN mitocondrial, accesible en repositorios públicos. "También construimos una base de datos de especímenes de museo de cabra montés pirenaica existentes, la mayoría de los cuales no se han utilizado para análisis genéticos, y confirmamos genéticamente la identidad de un registro adicional de una colección privada", se expresa en el trabajo.

Los resultados mostrados sugieren que la población de la cabra montés de los Pirineos tuvo una expansión hace unos 20.000 años. "Estas inferencias proporcionan una base sólida para análisis más exhaustivos que se basan en todas las nuevas fuentes identificadas y un enfoque de todo el genoma con potencial para evaluar el papel de múltiples factores que contribuyen a la extinción de este animal”, apuntan en la introducción.

Cazado desde el siglo XIV

Las fuentes escritas confirman la caza del bucardo desde el siglo XIV, y durante los siglos XIX y XX se convirtió en un objetivo común para los buscadores de trofeos. Sin lugar a dudas, la caza jugó un papel importante en la reducción de su población y área de distribución, pero no es posible, con la información actualmente disponible, señalarla como la causa principal. Las enfermedades infecciosas que se originan en la ganadería (por ejemplo, las provocadas por el virus de la lengua azul, el virus del papiloma humano y la sarna sarcóptica) son capaces de diezmar otras subespecies de cabra ibérica en períodos de tiempo extremadamente cortos.

A pesar de tanto la caza como las enfermedades del ganado se indiquen como culpables, la causa de la reducción drástica de sus poblaciones durante los últimos dos siglos "sigue siendo en gran parte desconocida".

"Esta baja diversidad genética, combinada con la depresión endogámica y la reducción de la fertilidad,
llevó a la población más allá del tamaño mínimo viable; a partir de ese momento, la extinción fue inevitable porque la población ya estaba genéticamente debilitada” aseguran en el estudio.

Esta publicación muestra la importancia de las colecciones biológicas históricas para los análisis genéticos de especies extintas. Un trofeo de propiedad privada de 140 años conservado en Pau, Francia, fue genotipado como parte de esta investigación, lo que demuestra que los particulares pueden poseer material de alto valor. Dado que hay poco conocimiento de estos recursos, los autores piden la creación de una base de datos pública en línea de colecciones privadas que alberguen material biológico para el beneficio de estudios de biodiversidad.

"El problema es que hay más bucardos como trofeos en colecciones privadas que en públicas. Lo interesante sería recopilar los trofeos", propone Jowers. Woutersen, por su parte, comenzó ha encontrado un total de 45 restos de bucardo, tanto en Aragón como en el norte de Irlanda o en Londres. Este estudio plantea la creación de una base de datos pública en línea de colecciones privadas que alberguen material biológico en beneficio de los estudios de biodiversidad. 

Como vemos,  a pesar del tiempo transcurrido desde la desaparición del último bucardo, el interés de la comunidad científica internacional no cesa.  Puedes leer gratuitamente el informe elaborado (en inglés) en el enlace de abajo.

Fuente:

Forcina G, Woutersen K, Sánchez-Ramírez S, Angelone S, Crampe JP, Pérez JM, Fandos P, Granados JE, Jowers MJ (2021) Demography reveals populational expansion of a recently extinct Iberian ungulate. Zoosystematics and Evolution 97(1): 211-221. https://doi.org/10.3897/zse.97.61854

Otras fuentes:  el diario.es, elheraldo.es


sábado, 28 de septiembre de 2019

Estreno del documental “Salvar al bucardo”


Aragón TV estrenó anoche -dentro del ciclo ‘La noche del audiovisual aragonés’- el documental ‘Salvar al bucardo’. Este trabajo, dirigido por el profesor Pablo Lozano y coproducido por la televisión aragonesa, narra la lucha desesperada de unos científicos por salvar a un animal emblemático del Pirineo, el bucardo.

El 6 de enero del 2000, tras décadas de caza abusiva, murió el último bucardo y se consideró extinguida la especie. Con su muerte la humanidad perdía un animal único. Sin embargo, en 2003, un centro de investigación aragonés lideró junto a científicos españoles y franceses la clonación del último bucardo. Fue la primera vez en la historia que un animal extinguido volvía a la vida. La alegría apenas duró unos minutos, pero se abrió una prometedora puerta a la esperanza.

Celia, la última bucardo

El documental, producido por Palocha Producciones, ha sido fruto de cuatro años de trabajo. El rodaje se realizó en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parc National des Pyrénées, la Garcipollera, Jaca, Torla, Zaragoza, Mezalocha, León, Madrid y París.

Este trabajo repasa por qué el bucardo, la cabra montesa pirenaica, fue un animal único. Relegado en sus últimas décadas a un hábitat inaccesible para el hombre, como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, su último ejemplar fue hallado muerto el 6 de enero de 2000. Con ello concluía la lucha de años por preservar esta subespecie en la que instituciones, científicos y amantes de la naturaleza habían tratado de evitar este final.

Pablo Lozano es  profesor de la Universidad de Zaragoza y cuenta con 20 años de experiencia en el sector audiovisual, como guionista, director y productor. Como ha explicado “me sorprendió saber que no existía un documental sobre este hito científico histórico. Era la primera clonación de un animal extinguido, el primer ‘Jurassic Park’ real de la historia, y se ha había realizado en Aragón’.

Fue un documental que empezó siendo “una pequeña historia sobre el proceso de clonación y a medida que fui investigando y reuniendo testimonios se convirtió en un trabajo cargado de emotividad”, explica. El trabajo incluye las últimas imágenes que existen del bucardo vivo grabadas por Eugenio Monesma, en 1996, y las que logró adaptando un catalejo a una cámara el biólogo Juan Seijas.

¿Por qué desapareció el bucardo?

Los científicos han llegado a la conclusión de que era un animal mucho más grande que las cabras montesas, parecido al Íbice de los Alpes. Pablo Lozano explica que “hace un siglo era un animal muy deseado en Europa, era como ir a cazar elefantes en la actualidad. Para los cazadores aristócratas de Europa era una pieza muy exclusiva y venían de todo el mundo, por su dificultad”.

Recreación del bucardo
Para el realizador el mensaje que debe dejar este documental es de esperanza “para que lo ocurrido con el bucardo sea el recuerdo de una lección que no quede en el olvido. Si hubiéramos llegado 15 años antes, el bucardo no se habría extinguido”. A su juicio, todavía existe la posibilidad de que la ciencia pueda recuperar al bucardo ya que existen células de hembra guardadas y se están produciendo avances que pueden permitir solucionar los problemas científicos que todavía persisten.

Junto a Aragón TV, este documental ha contado con la colaboración del Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Zaragoza, Turismo Aragón y la sociedad Centenario del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.



Sobre un guion de Pablo Lozano, la dirección de producción es de Marta Insa, con Carlos Castillo como autor de la banda sonora.


Fuente:  Aragón TV


Para saber más: Web sobre el bucardo. y web de la película





martes, 17 de septiembre de 2019

“Des-extinción”, esta noche, en La 2


El investigador del IPHES de Tarragona (Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social), Eudald Carbonell, y la actriz cómica y conocida monologuista Patricia Somosa son los protagonistas del documental “Des-extinción” que se estrena esta noche, a las 22 horas, por La 2 de TVE.

Una captura del documental

Des-extinción, el sueño de resucitar especies desaparecidas, nace en el siglo XVIII de la mano de la paleontología. Con ello, la ciencia se plantea seriamente la posibilidad de retornar a la vida especies extinguidas. Los protagonistas del documental realizan un viaje extraordinario que los lleva a los confines de la Tierra con el fin de encontrar la respuesta.

Des-extinción es una coproducción de Turkana Films con TVE y cuenta con las ayudas de la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) y del Institut Català de les Empreses Culturales (ICEC). Además de los dos protagonistas toman parte Francesc Gascó, paleontólogo especialista en dinosaurios; Xavier Delclós, experto en ámbar; José Luis Alabart, bioquímico; Semyon Grigoriev y Robert Markov, director y paleogenetista respectivamente del Museo del Mamut de Yakutsk (Rusia); Eduardo Cerdá, director de Paleolítico Vivo; Fernando Cerdá, presidente de la Asociación del Bisonte Europeo en España y Carles Lalueza-Fox, paleogenetista de Parque de Investigación Biomédica de Barcelona.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El último tilacino

Un día como hoy, 7 de septiembre de 1936, desapareció una especie. Una noticia triste que hoy recordamos por partida doble. Por una parte, para no olvidar que todo esfuerzo por conservar nuestra biodiversidad es poco. Y, por otra, porque el tilacino, el tigre de Tasmania, el lobo marsupial o como queramos llamarlo, se ha convertido en uno de los críptidos más famosos a nivel mundial.


La historia comienza  (o, más bien acaba) en esa fatídica fecha. Dos mil años atrás, el tilacino desapareció de Australia continental, aunque mantuvo su existencia a duras penas en la isla de Tasmania.

Diezmado por la caza (incentivada con recompensas por parte del gobierno), la competencia con los dingos y la ocupación de su hábitat por los humanos, el tilacino se vio reducido a unos pocos ejemplares conservados en zoológicos.

El último de ellos, llamado Benjamin, murió  en el zoo de Hobart debido a una negligencia de su cuidador y, con él, se perdió otra especie.  O tal vez no porque –desde entonces y hasta el momento actual- los supuestos avistamientos de lobos marsupiales se pueden contar por miles, tanto en la isla como en Australia y en la vecina Nueva Guinea.



Es por eso que el tilacino se ha convertido en uno de los críptidos favoritos de aquella parte del mundo junto a Yowie o Bunyip, ejemplos de la riqueza criptozoológica australiana, sobre todo desde que fue declarado oficialmente desaparecido cincuenta años después, en 1986, tras medio siglo sin encuentros fidedignos.

Hoy nos tenemos que conformar con estas historias y con estudiar los restos anatómicos de tilacino que hay repartidos por instituciones de medio mundo. En España, concretamente en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, puede verse un ejemplar naturalizado completo en muy buen estado de conservación. Fue comprado a una casa británica de taxidermistas en la década de los 30 del siglo XX y suele pasar inadvertido debido, sobre todo, a los diversos cambios de ubicación que ha sufrido en los últimos años.


En cualquier caso, si necesitamos una buena excusa para visitar el Museo esta es –sin duda- inmejorable: rendir un pequeño homenaje a esta  especie recientemente desaparecida. Al menos, oficialmente…

Para saber más:

The Tylacine Museum (en inglés)




miércoles, 14 de octubre de 2015

Desaparece un caracol en peligro de extinción del Valle del Genal

Acicula norrisi es el nombre de un pequeño caracol conocido únicamente en Málaga y en Gibraltar. El hallazgo de 2008 en el Valle del Genal supuso la primera localización de esta especie en territorio español siendo noticia en numerosos medios de comunicación.

Sin embargo, este hecho no ha servido para proteger de la extinción a esta especie tan amenazada. Tan sólo se conoce otra población española en la Sierra de la Utrera (Casares), amenazada también por la actividad minera.

 Por estas razones, Acicula norrisi se encuentra incluida en catálogos internacionales de especies amenazadas (Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza –UICN-), en una categoría similar al lince ibérico, por lo que perder una población supondría una terrible catástrofe para la conservación de la biodiversidad en España.

Estos hechos se han puesto en conocimiento del SEPRONA y de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía.


Fuente: Ecologistas en Acción


viernes, 9 de octubre de 2015

Nuevos datos sobre el zebro de la Península Ibérica

Un animal similar a las cebras africanas –y que dio nombre a estas últimas– vivió y se expandió por la Península Ibérica hasta que se extinguió a finales del siglo XVI. Los últimos ejemplares habitaron en la comarca albaceteña de La Roda y Chinchilla. Pero no fue hasta mediados del siglo XVIII que se volvió a mencionar al zebro, momento en el que se empezó a tratar el problema de su identificación.


Para intentar resolver este misterio que perdura desde hace siglos, un equipo de investigadores, liderados por la Universidad de Oviedo (Uniovi), ha recopilado información de diferentes disciplinas humanísticas y científicas sobre el zebro para ofrecer una respuesta actualizada e interdisciplinar sobre su verdadera identidad.


Fray Martín Sarmiento fue el primero en abordar el tema al encontrar que los montes do Cebreiro (Galicia) en el siglo XIII se llamaban en latín monsdiciturOnagrorum, lo que le llevó a descubrir que en multitud de documentos medievales portugueses y españoles se hablaba de los cebros”, comenta Carlos Nores, investigador en la Uniovi y autor principal del estudio que se publica en Anthropozoologica.

La conclusión del fraile fue que en España hubo cebras africanas y por ello, a pesar de ser consciente de que pudiese no ser el mismo animal, propuso restituirlas a España “para curiosidad y ostentación de la magnificencia real”, según señaló en un escrito que permaneció inédito hasta 2013. Desde entonces, aunque Cervantes también mencionó al zebro en El Quijote y Lope de Vega lo hizo en La hermosura de Angélica, la existencia del équido permaneció en el olvido.

No fue hasta 1922 que la Academia de Ciencias de Lisboa generó un debate entre lingüistas e historiadores que solicitaron información a los zoólogos para despejar incógnitas.

El último reducto del caballo salvaje de Europa occidental

En 1957 el naturalista Dimas Fernández-Galiano apoyó la hipótesis de que se trataba en realidad de un onagro o asno salvaje, pero no existían fósiles de estos animales en la Península Ibérica. Ya en 1992, Nores y otros investigadores plantearon otra hipótesis: podría tratarse de una especie de onagro europeo, conocida como el asno de Otranto Equus hydruntinus, que existió en el sur de Europa durante el Pleistoceno y del que se habían encontrado fósiles en la península hasta la Edad de Cobre.


Pero la paleogenetista francesa Eva-María Geigl acabó demostrando que el auténtico Equus hydruntinus se había extinguido en el Pleistoceno y que los restos óseos del atribuido a esta especie en realidad eran de caballo, aunque físicamente estos caballos salvajes eran parecidos al extinto asno de Otranto”, señala el investigador.

Con toda la información histórica y científica previa, el nuevo estudio, que ha reconstruido morfológicamente el zebro y su hábitat, y ha descrito sus características fenotípicas, entre otros, expone cuatro hipótesis posibles: el zebro pudo ser un Equus hydruntinus; un caballo salvaje; un onagro importado de Oriente Próximo, o un asno o caballo doméstico cimarrón.

A partir de los conocimientos actuales, la hipótesis más plausible parece ser la del último reducto del caballo salvaje de Europa occidental; de hecho sabemos que autores romanos y altomedievales han comentado la presencia de caballos salvajes en Iberia en los primeros siglos de nuestra era, y sus descripciones son coincidentes con las posteriores que tenemos del zebro”, informa Nores.

Según el investigador, este supuesto es el que presenta menos discrepancias con los datos arqueológicos, genéticos e históricos, “pero cualquier descubrimiento futuro puede relegarla a favor de cualquiera de las otras porque persisten algunas dudas”, plantea Nores, preparando ante cualquier sorpresa.

¿Por qué en la Edad Media el zebro era considerado como un animal diferente al caballo y comparado más con un asno o con un onagro? “Tampoco hay que olvidar que aunque el cerdo doméstico y el jabalí sean biológicamente la misma especie nadie los confundiría, además los designamos con nombres diferentes, como también sucedió con el tarpán y el caballo”, subraya el experto quien recalca que no hay nada más atractivo que un buen misterio aún sin resolver.

Referencia bibliográfica: Nores, Carlos; Morales Muniz, Arturo; Llorente Rodriguez, Laura; Bennett, E. Andrew; Geigl, Eva-María. “The Iberian zebro: what kind of a beast was it?” Anthropozoologica 50(1):21-32 junio de 2015 DOI: 10.5252/az2015n1a2


Fuente original: http://www.agenciasinc.es/

viernes, 3 de julio de 2015

¿Un Ave Moa en Madrid? Más o menos...



Hace pocas semanas publicamos un post con la misma pregunta, teniendo al dodo como protagonista. Evidentemente, la respuesta es no... pero debemos explicarnos. Al igual que sucede con el dodo, el Museo de Ciencias Naturales de Madrid alberga restos de otra extinta especie que es objeto de estudio y de controversia en cuanto a su existencia actual.



Nos referimos al Ave Moa, un ave no voladora que poblaba Nueva Zelanda que podía alcanzar –según la especie- cerca de 3 metros de altura y un peso de 250 kg. Los moas se extinguieron hacia el año 1500, poco después que los primeros cazadores maoríes llegaran a las islas. Algunos investigadores opinan que pudieron pervivir pequeños grupos de moas hasta fines del siglo XVIII o inicios del XIX. De hecho, se cuenta algún avistamiento por parte de marineros a las órdenes de James Cook y llama la atención el excelente estado de conservación de algunas plumas de estas aves, que apunta a que su desaparición fue posterior a lo que se cree.

Huevos de Moa gigante expuestos en el Museo

Recordemos que, a pesar de ser un animal considerado oficialmente extinto, ha sido visto en repetidas y recientes ocasiones en Nueva Zelanda y otras partes del mundo durante las últimas décadas.

En el Museo de ciencias Naturales de Madrid, en concreto, se conservan dos gigantescoshuevos de esta singular especie, ubicados en una vitrina protegida en el área dedicada a las extinciones, dentro de la exposición Biodiversidad.


En breve seguiremos desvelando las sorpresas que esconde este curioso museo, de visita imprescindible para todos aquellos interesados en la parte más fronteriza de la zoología…


viernes, 26 de junio de 2015

Una exposición en Burgos muestra la desaparición de especies en los últimos 10.000 años

El Museo de la Evolución Humana (MEH) de Burgos acoge la exposición temporal Se fueron con el viento. La sexta extinción en su espacio dedicado a la Biodiversidad, en la planta 2. La muestra, que podrá verse gratuitamente hasta octubre de 2015, narra la extinción escalonada de especies animales acaecida en los últimos 10.000 años a través de ejemplares fósiles, maquetas, animales naturalizados y murales, en un discurso expositivo que induce a la reflexión sobre la situación actual y cómo el ser humano gestiona su ecosistema.

La exposición se inicia mostrando alguna de las especies de megafauna glacial (mamíferos grandes) desaparecidas cuando empezaron a fundirse los hielos hace 11.000 años. En total, reúne una treintena de fósiles de animales extinguidos: piezas originales tan relevantes como una magnífica mandíbula de mamut procedente de la turbera de El Padul en Granada -los más meridionales que se han encontrado, con una cronología de 35.000 años-, una coraza de gliptodonte (mamífero clave para la formulación de la teoría de la evolución por Darwin), una cola de megaterio (solo existen 5 ejemplares de colas en Europa), uno de los mayores mamíferos terrestres que ha existido y una pata de macrauquenia (gran herbívoro) de la colección Botet del Museo de Ciencias de Valencia o una pieza irremplazable, el lobo marsupial naturalizado (carnívoro marsupial), del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, una especie considerada oficialmente extinta en 1936.


Los fósiles que se presentan han sido cedidos por diversas instituciones y particulares: CosmoCaixa, el Departamento de Estratigrafía y Paleontología de la Universidad de Granada, el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, el Museo Arqueológico Regional (Madrid), el Museo de Ciencias Naturales de Valencia, el Museo de Molina (Molina de Aragón), el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, el Museo Geominero (IGME, Madrid) y el Museo San Isidro, también de Madrid. Además se cuenta con imágenes filmadas de los últimos lobos marsupiales en cautividad cedidas por el Thylacine Museum.

Tres murales para representar a los animales

Además, para la exposición se han creado tres murales que, en gran formato, permitirán a los visitantes tener la oportunidad de ver a estos animales llenos vida. Han sido realizados por el paleoartista mexicano Sergio de la Rosa, que ha cubierto las paredes del MEH con dibujos de gran calidad y que permanecerán como parte de la exposición permanente del MEH conformando el Espacio Biodiversidad.

Dos de estos murales se convierten en un desfile de animales extinguidos en los últimos diez mil años (mamut, rinoceronte lanudo, miotrago, león de las cavernas, uro, caballo, oso de las cavernas, megaceros, gliptodonte, macrauquenia, toxodon, megaterio, oso de cara corta, tigre de dientes de sable, armadillo gigante, lémur gigante, tilacino, ave elefante, dodo o moa). El tercero muestra la ballena azul, el animal más grande que haya existido jamás, símbolo por excelencia de la conservación, ya que todavía continúa entre nosotros.

Un proceso que no termina

Esta exposición, al igual que Bestiaria, recientemente inaugurada en el MEH, ofrece al visitante una ocasión única para contemplar una selección de fósiles y representación de animales de distintas partes del mundo que se extinguieron, pero también lo es para reflexionar sobre nuestra responsabilidad en los cambios en el ecosistema, la desaparición de especies y el futuro de la biosfera.

El discurso expositivo no termina en la llamada ‘Sexta extinción’, sino que relata cómo siguen desapareciendo especies. Desde principios del siglo XIX, y en aceleración constante desde la década de 1950, las desapariciones implican a especies de todos los tamaños y ocurren principalmente en las selvas tropicales, que tienen una gran biodiversidad.

Los grandes monos –como ya informara Jane Goodall durante su visita al MEH- están en peligro de extinción y a este ritmo desaparecerán. En la actualidad hay 213 mamíferos, 213 aves, 168 reptiles, 525 anfibios y 423 peces en peligro crítico de extinción.

La exposición ahonda en esta preocupación y quiere concienciar al visitante de los peligros de fenómenos como el cambio climático y cómo la acción del hombre ha acelerado procesos de extinción, una preocupación perfectamente razonable porque hasta las modificaciones pequeñas –si se mantienen un cierto tiempo- tienen consecuencias en los seres vivos y, por tanto, en los grupos humanos.

Fuente: Museo de la Evolución humana y dicyt.com

Imágenes: MEH

viernes, 12 de junio de 2015

¿Un dodo en Madrid? Más o menos...


¿Un dodo en Madrid? Vaya pregunta, ¿no? Todo el mundo sabe que es imposible, pues este ave se considera oficialmente extinta desde  finales del siglo XVII. Efectivamente, tienes razón: esta especie ya no se encuentra entre nosotros, a pesar de algún extraño vídeo que ha circulado recientemente por internet y que pretende demostrar lo contrario. Aunque algunos investigadores  más heterodoxos hablan de su posible pervivencia actual en ciertas islas del Océano Índico ….

¿Y en Madrid? Bueno… me explico… podemos ver un dodo en esta ciudad… en concreto, algunas partes de su anatomía, replicadas en escayola. ¿Dónde? En el Museo de Ciencias Naturales. ¿Curioso, no?

La institución posee y muestra los restos de un dodo (Raphus cucullatus), en concreto, su cabeza y parte de sus patas, hechos en moldes de escayola. Actualmente se encuentran depositados en una vitrina de la sala principal, formando parte de la exposición sobre la Biodiversidad que el museo exhibe, en su sección dedicada a especies extintas. 

Se trata de una reproducción de los fragmentos de dodo que se salvaron de los originalmente existentes en el Museo de Historia Natural de Oxford. En 1775, esta institución poseía el único ejemplar disecado conocido en el mundo. Debido a su mal estado de conservación, un operario decidió quemarlo. 

Afortunadamente, pudieron rescatarse los restos calcinados de la cabeza y la pata derecha y -como por arte de magia- comenzó a mostrarse interés por este ave en círculos científicos. Se realizaron diversas réplicas en escayola de los restos que se salvaron y tres de ellas son las que podemos ver hoy en el museo madrileño.

Una oportunidad de ver de cerca parte de la pequeña y desconocida historia del mundo animal…