viernes, 16 de diciembre de 2016

El chupacabras en Cuba, por Moisés Mayán

Moisés Mayán inicia hoy su colaboración con Criptozoología en España. Para la ocasión ha deseado aportar su particular punto de vista sobre un caso relacionado con uno de los críptidos más controvertidos que existen y hacerlo desde un lugar del planeta -como él mismo dice- "que no posee tradición alguna" en estudiar este fenómeno.

Para quien no conozca aún a este pionero de la divulgación criptozoológica cubana, les ofrecemos una pequeña semblanza de su biografía:


Moisés Mayán Fernández (Holguín, Cuba, 1983): Licenciado en Historia. Poeta, narrador y editor. Ha publicado los libros de poesía Fábula del cazador tardío (2007), El monte de los transfigurados (2009), Cuando septiembre acabe (2010), El cielo intemporal (2013), y Raíz de yerba mate (2015). Muestras de su obra aparecen en numerosas antologías en Cuba y en el extranjero. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Colaborador asiduo de boletines, revistas y blogs de temáticas diversas. Aficionado a la criptozoología y a la pesca deportiva.


Y, ahora sí, estimados lectores, disfruten del artículo...


El chupacabras en Cuba, por Moisés Mayán



En el verano de 1998 cuando aterricé en la Isla de Puerto Rico, la histeria colectiva ocasionada por la aparición del “chupacabras” estaba aun en apogeo. Recuerdo perfectamente las imágenes de aquella criatura verduzca con cuerpo de reptil y ojos saltones que se repetía en cientos de suvenires. El suceso noticioso se había generado en 1992, cuando los periódicos El Vocero y El Nuevo Día divulgaron las insólitas matanzas de animales ocurridas en el poblado de Moca.

Después de las inexplicables muertes de ganado en Puerto Rico, se reportaron ataques similares en República Dominicana, Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú, Brasil, El Salvador, Estados Unidos, y México, donde alcanzó magnitud de leyenda, gracias a los acontecimientos que tuvieron lugar en El Álamo, estado de Nuevo León. Cada país necesitaba desesperadamente “nacionalizar” al chupacabras, porque las noticias traían aparejadas un inusitado interés turístico, y una venta progresiva de productos que explotaban las más fantasiosas imágenes: reptiles con afiladas espinas dorsales, con cabeza de perro y largos colmillos, cubiertos de pelo negro con ojos rojos y alas de murciélago, o seres alienígenas de cráneos ovalados y piel escamosa. 


Por ese entonces descubrí una palabra que hasta la fecha no ha sido incluida en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: críptido. Los críptidos quedan excluidos de los catálogos de zoología contemporáneos, siendo considerados por la comunidad científica como seres que solamente perduran en la mitología y el folclore. La “pseudociencia” que estudia los críptidos se denomina Criptozoología, y parte de los reportes de avistamientos y descripciones de testigos que aseveran haber mantenido alguna forma de contacto con animales que se creían extintos o engendros provenientes de las tradiciones populares. 

Lo cierto es que desde 1982, un año antes de mi nacimiento, ya existía en Washington D.C., la Sociedad Internacional de Criptozoología (ISC, de acuerdo a sus siglas en inglés), que por dificultades financieras dejó de existir en 1998; y donde hasta 1995 se había estado editando la revista Cryptozoology.

El Güije
El chupacabras no era en ese tiempo el más mediático de las listas de críptidos popularizadas por los medios de difusión, encabezadas por el monstruo del Lago Ness (Nessie), Pie Grande, o el abominable hombre de las nieves (Yeti). Ahora bien, el chupacabras era centroamericano, latino, caribeño, y nosotros tuvimos la oportunidad de sumarnos a la leyenda, con lo que sin dudas sería el primer críptido hecho en Cuba. El cagüerio, los güijes, chichiricús y ciguapas no clasifican dentro de los dominios estudiados por la Criptozoología, aunque si matizan nuestra cultura popular y la enriquecen con un interesante muestrario de seres sobrenaturales que animan el arte y la literatura.

El rumor se originó por algún sitio del municipio de Maisí después del paso del huracán Matthew por ese territorio. En el artículo ¡Cuidado, bola suelta! publicado por el semanario guantanamero Venceremos, en su edición correspondiente al 17 de noviembre del 2016, y bajo la firma de la periodista Lilibeth Alfonso Martínez, advierto el siguiente criterio de Rafael Concepción, uno de los testimoniantes: “Lo que dice la gente es que empezaron a perderse los carneros de unos campesinos, y que uno de ellos echó un veneno que mató a parte de los animales y que al tratar de comérselos, la criatura también murió…, pero yo no se lo aseguro”.  

Ahí están los gérmenes de la invención del críptido, semejantes a los que en el ya lejano 1992 esgrimía ante las cámaras Madelyne Tolentino, la testigo original de la matanza de Moca. Noten la frase: “empezaron a perderse los carneros de unos campesinos”… Se me hace la boca agua porque presencio el resurgimiento del chupacabras, pero ahora en mi propio país. Los aficionados a la criptozoología en Cuba nos afilamos los dientes.

El Vampiro de Moca en la prensa portorriqueña (1992)

Sin embargo lo atendible es que Rafael Concepción asegura no haber visto las fotos, que replicándose a través de Zapya o Bluethoot, han recorrido todo lo largo y ancho de la geografía cubana. Él no había estado en presencia de las instantáneas, pero sí conocía del rumor de los carneros desaparecidos… Otros aseguran que la criatura permanecía oculta en “una de las cuevas donde cientos de familias pasaron las peores horas del huracán”. El rumor crece y cunde el pánico. Yo casi salto de emoción, pensando que Cuba tendrá al fin su críptido, el “chupaovejos de Baracoa”, imagino los suvenires, las camisetas, las gorras… 
Guillermo Lemes
Continúo buceando en el artículo de Lilibeth Alfonso donde Guillermo Lemes, Director de la Unidad de Medio Ambiente de la Delegación Provincial del Citma admite “el vuelo que ha tomado la historia al punto de que, al día, son varias las llamadas que buscan la verdad sobre el improbable hallazgo. Ciertamente -continúa el científico-, hay muchos animales que fueron desplazados por el huracán y que pudieran aparecer en zonas poco acostumbradas, pero generalmente son aves, plagas…, nada como esto”.
Tenemos las herramientas suficientes para la creación de nuestro críptido. Mientras Baracoa se recupera, el turismo cuenta con una nueva atracción: “un chupacabras cubano”. Mientras profesionales de diversas especialidades se debaten en cuanto a la autenticidad de las fotos y la imposibilidad biológica de la existencia de “una línea evolutiva consecuente con esa criatura”, debemos echar mano de los comentarios al artículo para descubrir a posteriori que las tan llevadas y traídas imágenes son producto del trabajo escultórico de la artista australiana Patricia Piccinini y su serie We are family
Wea re family, de Patricia Piccinini
A partir de ese comentario la gente se percata de que todo es una gran tomadura de pelo y se conforma con esa “realidad innegable” cuando hacen clic en en link de Patricia Piccini y aparece su colección de criaturas sobrenaturales. La génesis del fenómeno mediático es bastante fácil de deducir: alguien que escuchó el rumor de los ovejos desaparecidos decidió agregarle imágenes al asunto, navegó unos minutos en internet y seleccionó las fotos de las esculturas, así se echó a rodar la auténtica bola: “este es el bicho que apareció en Baracoa”.
Detalle de la obra

Lo que en verdad nos concierne, el caso de los ovejos desaparecidos, las entrevistas de los campesinos que reportaron pérdidas de animales, esos temas no se abordan en ningún artículo, no sabemos si acontecieron o no, y nuestro chupacabras muere, no envenenado sino de un modo tan absurdo como el que podría vincular esas fotografías a los hechos que tuvieron lugar en La Máquina, a unos 60 kilómetros de la cabecera municipal (reales o producto de la más desbordante fantasía). 

El chupacabras nos visitó, (quizás solo desde las sabanas y cavernas del imaginario popular) pero no supimos apreciarlo, fraguamos un comité científico interdisciplinario para examinar la autenticidad de unas fotos y nos descarrilamos del problema real. Tendremos que seguir esperando por el críptido cubano, no nos queda de otra. Quizás de aquí a 10 años en la Sierra de los Órganos se produzca un inusual ataque contra un rebaño de chivos, solo entonces tendremos nuevamente la posibilidad y el riesgo, porque si alguien conectado desde su móvil a una Wi-Fi baja un fotograma de Species donde se observa claramente a la criatura conocida como Sil, nuestros investigadores y fotógrafos se alistarán para desmentir la imagen, y el chupacabras nunca encontrará refugio en la memoria del pueblo. 
Nosotros contemplamos con desencanto como la electrizante leyenda que podría generar un considerable atractivo turístico en tiempos de recuperación, se convierte en polvo, en humo, en nada…
Moisés Mayán, 2016

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