viernes, 3 de julio de 2015

¿Un Ave Moa en Madrid? Más o menos...



Hace pocas semanas publicamos un post con la misma pregunta, teniendo al dodo como protagonista. Evidentemente, la respuesta es no... pero debemos explicarnos. Al igual que sucede con el dodo, el Museo de Ciencias Naturales de Madrid alberga restos de otra extinta especie que es objeto de estudio y de controversia en cuanto a su existencia actual.



Nos referimos al Ave Moa, un ave no voladora que poblaba Nueva Zelanda que podía alcanzar –según la especie- cerca de 3 metros de altura y un peso de 250 kg. Los moas se extinguieron hacia el año 1500, poco después que los primeros cazadores maoríes llegaran a las islas. Algunos investigadores opinan que pudieron pervivir pequeños grupos de moas hasta fines del siglo XVIII o inicios del XIX. De hecho, se cuenta algún avistamiento por parte de marineros a las órdenes de James Cook y llama la atención el excelente estado de conservación de algunas plumas de estas aves, que apunta a que su desaparición fue posterior a lo que se cree.

Huevos de Moa gigante expuestos en el Museo

Recordemos que, a pesar de ser un animal considerado oficialmente extinto, ha sido visto en repetidas y recientes ocasiones en Nueva Zelanda y otras partes del mundo durante las últimas décadas.

En el Museo de ciencias Naturales de Madrid, en concreto, se conservan dos gigantescoshuevos de esta singular especie, ubicados en una vitrina protegida en el área dedicada a las extinciones, dentro de la exposición Biodiversidad.


En breve seguiremos desvelando las sorpresas que esconde este curioso museo, de visita imprescindible para todos aquellos interesados en la parte más fronteriza de la zoología…


viernes, 26 de junio de 2015

Una exposición en Burgos muestra la desaparición de especies en los últimos 10.000 años

El Museo de la Evolución Humana (MEH) de Burgos acoge la exposición temporal Se fueron con el viento. La sexta extinción en su espacio dedicado a la Biodiversidad, en la planta 2. La muestra, que podrá verse gratuitamente hasta octubre de 2015, narra la extinción escalonada de especies animales acaecida en los últimos 10.000 años a través de ejemplares fósiles, maquetas, animales naturalizados y murales, en un discurso expositivo que induce a la reflexión sobre la situación actual y cómo el ser humano gestiona su ecosistema.

La exposición se inicia mostrando alguna de las especies de megafauna glacial (mamíferos grandes) desaparecidas cuando empezaron a fundirse los hielos hace 11.000 años. En total, reúne una treintena de fósiles de animales extinguidos: piezas originales tan relevantes como una magnífica mandíbula de mamut procedente de la turbera de El Padul en Granada -los más meridionales que se han encontrado, con una cronología de 35.000 años-, una coraza de gliptodonte (mamífero clave para la formulación de la teoría de la evolución por Darwin), una cola de megaterio (solo existen 5 ejemplares de colas en Europa), uno de los mayores mamíferos terrestres que ha existido y una pata de macrauquenia (gran herbívoro) de la colección Botet del Museo de Ciencias de Valencia o una pieza irremplazable, el lobo marsupial naturalizado (carnívoro marsupial), del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, una especie considerada oficialmente extinta en 1936.


Los fósiles que se presentan han sido cedidos por diversas instituciones y particulares: CosmoCaixa, el Departamento de Estratigrafía y Paleontología de la Universidad de Granada, el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, el Museo Arqueológico Regional (Madrid), el Museo de Ciencias Naturales de Valencia, el Museo de Molina (Molina de Aragón), el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, el Museo Geominero (IGME, Madrid) y el Museo San Isidro, también de Madrid. Además se cuenta con imágenes filmadas de los últimos lobos marsupiales en cautividad cedidas por el Thylacine Museum.

Tres murales para representar a los animales

Además, para la exposición se han creado tres murales que, en gran formato, permitirán a los visitantes tener la oportunidad de ver a estos animales llenos vida. Han sido realizados por el paleoartista mexicano Sergio de la Rosa, que ha cubierto las paredes del MEH con dibujos de gran calidad y que permanecerán como parte de la exposición permanente del MEH conformando el Espacio Biodiversidad.

Dos de estos murales se convierten en un desfile de animales extinguidos en los últimos diez mil años (mamut, rinoceronte lanudo, miotrago, león de las cavernas, uro, caballo, oso de las cavernas, megaceros, gliptodonte, macrauquenia, toxodon, megaterio, oso de cara corta, tigre de dientes de sable, armadillo gigante, lémur gigante, tilacino, ave elefante, dodo o moa). El tercero muestra la ballena azul, el animal más grande que haya existido jamás, símbolo por excelencia de la conservación, ya que todavía continúa entre nosotros.

Un proceso que no termina

Esta exposición, al igual que Bestiaria, recientemente inaugurada en el MEH, ofrece al visitante una ocasión única para contemplar una selección de fósiles y representación de animales de distintas partes del mundo que se extinguieron, pero también lo es para reflexionar sobre nuestra responsabilidad en los cambios en el ecosistema, la desaparición de especies y el futuro de la biosfera.

El discurso expositivo no termina en la llamada ‘Sexta extinción’, sino que relata cómo siguen desapareciendo especies. Desde principios del siglo XIX, y en aceleración constante desde la década de 1950, las desapariciones implican a especies de todos los tamaños y ocurren principalmente en las selvas tropicales, que tienen una gran biodiversidad.

Los grandes monos –como ya informara Jane Goodall durante su visita al MEH- están en peligro de extinción y a este ritmo desaparecerán. En la actualidad hay 213 mamíferos, 213 aves, 168 reptiles, 525 anfibios y 423 peces en peligro crítico de extinción.

La exposición ahonda en esta preocupación y quiere concienciar al visitante de los peligros de fenómenos como el cambio climático y cómo la acción del hombre ha acelerado procesos de extinción, una preocupación perfectamente razonable porque hasta las modificaciones pequeñas –si se mantienen un cierto tiempo- tienen consecuencias en los seres vivos y, por tanto, en los grupos humanos.

Fuente: Museo de la Evolución humana y dicyt.com

Imágenes: MEH

miércoles, 24 de junio de 2015

Descubierta una nueva especie de molusco en Mallorca


Investigadores del Centro Oceanográfico de Baleares, perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO) y de la Universidad Autónoma de Madrid han descrito una nueva especie de nudibranquio, perteneciente al género Tambja, que ha sido capturado al sir de Mallorca durante la campaña realizada por el buque oceanográfico Ramón Margalef.


El género Tambja incluye numerosas especies distribuidas principalmente en el océano Pacífico y Atlántico, pero hasta ahora sólo se conocían dos especies en el mar Mediterráneo, cuya distribución se restringía al mar de Alborán. De esta manera, Tambja mediterránea, como se ha denominado a esta nueva especie, amplía el área de distribución de este género al Mediterráneo Central.

En este trabajo, publicado en Helgoland Marine Research, se describe sus  características externas e internas y se comparan con las de otras especies del género, especialmente con T. limaciformis, que es la especie más similar.

Externamente, T. mediterránea se caracteriza principalmente por poseer un manto de color naranja-rojo, el dorso cubierto de protuberancias  blanquecinas, rinóforos de color rojo con el ápice blanquecino y tres branquias con raquis naranja-rojizo y ramificaciones blanquecinas.

Los seis ejemplares de Baleares fueron hallados en una muestra obtenida a 53 metros de profundidad sobre fondos cubiertos por el alga roja Phyllophora crispa, en el transcurso de una campaña dirigida por el IEO. Posteriormente, fueron encontrados otros dos especímenes en Malta, entre 50 y 60 metros de profundidad, sobre fondos de posidonia y maërl.

Fuente: 20 minutos


martes, 16 de junio de 2015

Descubren un “Parque Jurásico” de esponjas en el mar Mediterráneo

Investigadores españoles han publicado en la revista PLoS ONE el descubrimiento de un arrecife de esponjas "roca" único en el mundo. Una de estas estructuras, que se creían extintas desde hace millones de años, se ha hallado a 760 metros de profundidad, rodeando la cima de una pequeña montaña submarina entre Valencia e Ibiza donde hay planes de sondeos de hidrocarburos. Está formada por la especie Leiodermatium pfeifferae, una esponja que hasta el momento sólo se conocía en el Atlántico, desde la Macaronesia hasta el Caribe, por lo que también es la primera cita de esta especie en el Mediterráneo.


Las esponjas litístidas se denominan vulgarmente ‘roca’ porque son duras y rígidas como piedras debido a que poseen un esqueleto masivo de piezas de sílice, que es un material idéntico al cristal de una ventana. La parte de tejido vivo está mínimamente desarrollada, y no suele llegar al 5% del peso de la esponja”, explica Manuel Maldonado, especialista en esponjas del Centro de Estudios Avanzados de Blanes, del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CEAB-CSIC), que ha liderado la investigación, realizada en colaboración con investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y de Oceana.

“Entender las causas que han permitido el desarrollo del arrecife en una particular montaña submarina del Mediterráneo proporcionará claves importantes para comprender cómo se desarrollaron los singulares arrecifes de esponjas del Jurásico y cuáles fueron las razones de su desaparición, un declive que ocurrió casi paralelamente en el tiempo al de los dinosaurios", añade el Dr. Maldonado.

Los arrecifes de sílíce, construidos por esponjas y no por corales, fueron comunes en los mares Jurásicos y Cretácicos, y se creían extinguidos. Para sorpresa general, en 1987 se descubrió un arrecife de sílice vivo a 200 m de profundidad en la costa del Pacífico canadiense, formado por esponjas hexactinellidas ("esponjas de cristal"). Este segundo arrecife ahora descubierto, compuesto de esponjas "roca”, es una variedad arrecifal aún más rara, ya que la inmensa mayoría de las especies de esponjas “roca” se extinguieron tras el Cretácico. Se pensaba que las relativamente pocas especies que sobreviven en nuestros días, confinadas en aguas profundas tropicales y templadas, habían perdido la capacidad de formar agregaciones arrecifales.

El arrecife de esponjas ‘roca’ es un hallazgo excepcional, una formación única en el planeta que debe protegerse urgentemente porque el lugar donde se encuentra está sometido a diversas presiones, entre ellas planes de prospección y explotación de hidrocarburos”, señala Ricardo Aguilar, director de Investigación de Oceana y coautor del estudio.

“Aunque España ha dado recientemente un importante paso para aumentar las zonas protegidas marinas con el proyecto LIFE+ INDEMARES, aún se necesitan más esfuerzos para alcanzar los objetivos mínimos nacionales, europeos e internacionales de conservación. Lugares tan espectaculares y únicos como este no pueden quedar fuera de estos planes.”, en palabras de Aguilar.

Las agregaciones de esponjas llegan a cerca de metro y medio de altura. El descubrimiento del arrecife se ha realizado por medio de un robot submarino a bordo del buque Oceana Ranger, lo que ha permitido filmar y recoger información de las especies asociadas a este ecosistema, como otras esponjas, corales, gorgonias, cangrejos de profundidad, congrios, etc.

Sin embargo, la mayor parte de los aspectos funcionales de este singular hábitat (alimentación, reproducción,
crecimiento, longevidad, etc...) están aún por conocer. Los investigadores temen que los planes de prospección de hidrocarburos en el Mar Balear puedan afectar al singular arrecife descubierto, que podría resultar seriamente dañado incluso antes de poder ser estudiado adecuadamente.

Según indica también el artículo científico publicado en la revista científica PLoS ONE, los estudios realizados en los alrededores de Baleares han permitido encontrar esta esponja en otra importante montaña submarina, Emile Baudot, pero aquí, aunque puntualmente abundantes, no llegaban a crear estructuras arrecifales.

Referencia bibliográfica:

Maldonado M, Aguilar R, Blanco J, García S, Serrano A, Punzón A (2015) Aggregated Clumps of Lithistid Sponges: A Singular, Reef-Like Bathyal Habitat with Relevant Paleontological Connections. PLoS ONE 10(5): e0125378. doi:10.1371/journal.pone.0125378 

Imágenes: PLoS ONE

Fuente: Oceana


viernes, 12 de junio de 2015

¿Un dodo en Madrid? Más o menos...


¿Un dodo en Madrid? Vaya pregunta, ¿no? Todo el mundo sabe que es imposible, pues este ave se considera oficialmente extinta desde  finales del siglo XVII. Efectivamente, tienes razón: esta especie ya no se encuentra entre nosotros, a pesar de algún extraño vídeo que ha circulado recientemente por internet y que pretende demostrar lo contrario. Aunque algunos investigadores  más heterodoxos hablan de su posible pervivencia actual en ciertas islas del Océano Índico ….

¿Y en Madrid? Bueno… me explico… podemos ver un dodo en esta ciudad… en concreto, algunas partes de su anatomía, replicadas en escayola. ¿Dónde? En el Museo de Ciencias Naturales. ¿Curioso, no?

La institución posee y muestra los restos de un dodo (Raphus cucullatus), en concreto, su cabeza y parte de sus patas, hechos en moldes de escayola. Actualmente se encuentran depositados en una vitrina de la sala principal, formando parte de la exposición sobre la Biodiversidad que el museo exhibe, en su sección dedicada a especies extintas. 

Se trata de una reproducción de los fragmentos de dodo que se salvaron de los originalmente existentes en el Museo de Historia Natural de Oxford. En 1775, esta institución poseía el único ejemplar disecado conocido en el mundo. Debido a su mal estado de conservación, un operario decidió quemarlo. 

Afortunadamente, pudieron rescatarse los restos calcinados de la cabeza y la pata derecha y -como por arte de magia- comenzó a mostrarse interés por este ave en círculos científicos. Se realizaron diversas réplicas en escayola de los restos que se salvaron y tres de ellas son las que podemos ver hoy en el museo madrileño.

Una oportunidad de ver de cerca parte de la pequeña y desconocida historia del mundo animal…


martes, 9 de junio de 2015

Nuevo escarabajo descubierto en Gran Canaria

Oromia thoracica. / Heriberto López

Gracias a las investigaciones realizadas desde 2003 en el subsuelo de Gran Canaria, dos científicos españoles han descubierto una nueva especie de escarabajo, al que han llamado Oromia thoracica. Este gorgojo ciego comparte la tonalidad parda de la fauna del subsuelo y destaca por tener un cuerpo aplanado y un tórax que casi cubre su cabeza, lo que facilita su adaptación a la vida bajo tierra.


En los últimos años el medio subterráneo de las islas Canarias no ha dejado de revelar sus secretos mejor guardados. Arañas, milpiés, pseudoescorpiones, cucarachas y escarabajos han surgido, sobre todo, de las profundidades del valle de Agaete, al noroeste de Gran Canaria. En esta zona se encuentra parte del suelo más antiguo de la isla, originado durante el Mioceno, hace entre 23 y 5 millones de años.

Ahora, en el subsuelo de una pequeña área del valle, testigo de una erupción volcánica relativamente reciente, ha aparecido una nueva especie de gorgojo. “El primer ejemplar de Oromia thoracica no se capturó hasta pasados seis años del inicio del estudio, y tuvieron que transcurrir otros cuatro años para que cayeran en las trampas los otros cinco ejemplares conocidos”, señala a Sinc Heriberto López, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), convencido de que el mundo subterráneo deparará aún grandes sorpresas para la biodiversidad de Canarias.

El nuevo coleóptero no mide más de cinco milímetros pero su tamaño supera al de otras especies de su mismo género (Oromia), endémico de Canarias. Según sus descubridores, las características morfológicas de este escarabajo son inconfundibles a la hora de clasificarlo como una especie subterránea: es ciego y tiene la coloración pardo-rojiza típica de los insectos del subsuelo.



Un escarabajo bien adaptado

Sus extremidades son un poco más alargadas y planas, y el cuerpo es más aplastado, lo que indica un mayor grado de adaptación al medio subterráneo o a la vida en fisuras muy estrechas”, describe a Sinc Antonio Machado, científico independiente y coautor del estudio.

Lo más llamativo es que parte de su tórax (el pronoto) se extiende sobre la cabeza a modo de escudo acorazonado, dejándola casi oculta, contrariamente a las otras especies de su grupo. “La superficie del pronoto de esta nueva especie es bastante lisa a diferencia del resto de especies de Oromia en las que aparece esculpida e incluso provistas de quillas muy vistosas”, indican los investigadores quienes tardaron en encontrar a esta especie a pesar de las trampas que instalaron en el entorno salvaje.

Una vida en las profundidades del suelo

Al vivir en zonas del subsuelo más profundas que el radio de acción de las trampas, el escarabajo tardó en aparecer. Sin embargo, los autores relacionan la presencia de arbustos moribundos cerca de las trampas con la aparición de esta especie. “La putrefacción de las raíces de arbustos debe constituir un fuerte atractivo para especies subterráneas que se alimentan de este tipo de recurso alimenticio, como es el caso de Oromia thoracica”, comenta López.



El género Oromia también es relativamente reciente, pues fue descrito en 1987, fruto de las exploraciones y estudios del medio subterráneo llevado a cabo en las islas Canarias desde los años 80. Precisamente, en estas islas se descubre una nueva especie cada seis días.

Sin embargo, “este ritmo va decreciendo debido al buen conocimiento que ya se tiene de su flora y fauna”, afirman los dos científicos quienes aseguran que es necesario emplear nuevas técnicas o buscar en otros horizontes para seguir aumentando el conocimiento sobre el elenco de especies presentes en el archipiélago.
Para el caso de Gran Canaria, el medio subterráneo es un gran desconocido, aunque los científicos lo consideran un verdadero hotspot o punto caliente de la biodiversidad subterránea. “En este hábitat queda mucho por descubrir sobre la biodiversidad de la isla, y por el momento se está revelando como uno de los medios que más especies nuevas está deparando para Gran Canaria”, concluyen los autores.

Referencia bibliográfica:

Antonio Machado y Heriberto López. A new species of Oromia (Coleoptera: Curculionidae) from the Canary Islands”. Zootaxa. Doi: 10.11646/zootaxa.3931.1.8 2015


Fuente: agenciasinc.es

viernes, 5 de junio de 2015

El ave gigantesca de Barcelona, 25 años después (1990-2015), de Javier Resines



Ya puedes conseguir de modo gratuito la edición digital de El ave gigantesca de Barcelona, 25 años después (1990-2015), escrita por mí. 

Con ocasión del aniversario de tan original y controvertido caso he querido realizar un modesto homenaje editando esta publicación digital.

Además de narrar lo sucedido en los cielos catalanes durante los meses que duró este fenómeno y mostrar los documentos publicados en la época, en sus páginas tiene cabida otros casos sucedidos en nuestro país en el que los protagonistas también son extraños seres voladores.



Águilas gigantescas, pterodáctilos, palomas mutantes, engendros mecánicos y un sinfín de extravagantes posibilidades desfilarán ante tus ojos mientras lees este libro repleto de curiosidades e hipótesis que –espero- te hagan reflexionar sobre lo mucho que aún queda por descubrir en nuestro entorno más cercano.

Si quieres leer y descargar gratuitamente esta edición, puedes hacerlo a través de este enlace o en la sección Biblioteca Criptozoológica, situada en la parte superior derecha del blog.