viernes, 26 de febrero de 2021

¿Existen las sirenas? Esta noche, Javier Resines nos lo cuenta en Otros Mundos


Esta noche he sido invitado a subirme a la nave de Otros Mundos, el programa que cada viernes dirige y presenta el amigo Javier Belmar. En esta ocasión hablaremos de sirenas, pero no desde un punto de vita legendario o mitológico. 


Es Dimonió, obra de
Xavier Canyelles
Abordaremos el asunto de su posible existencia real, centrándonos en la teoría que lo apoya, la teoría del simio acuático, comentando algunos casos curiosos que hacen albergar ciertas dudas. Entre ellos, contaremos en exclusiva el caso de Pepe, un pescador de Luarca que tuvo hace años varios encuentros en alta mar con extrañas criaturas.

También hablaremos de los numerosos fakes que este asunto nos ha reportado, prácticamente desde el siglo XVI hasta nuestros días. Desde la famosa sirena de Fiji hasta Es Dimonió, su versión mallorquina, pasando por los bulos que difunde internet, las sirenas son un fenómeno abonado para el desvarío.



Como ves, esta noche tenemos un programa muy completo que no te puedes perder. A partir de las 22.00 horas puedes escucharnos en la web de Otros Mundos , en la página de Radio Antorva o en el 98.8 FM, si vives en la región de Murcia.


martes, 2 de febrero de 2021

Este mes, en Phenomena Magazine…



¿Conoces al nuevo artrópodo que amenaza con deteriorar las pinturas de la cueva de Altamira? 


Este mes, en Phenomena Magazine, escribo un breve artículo sobre este curioso hallazgo que puede dar al traste con una de las joyas de nuestra historia.


Puedes leerlo gratuitamente, junto a otros interesantes trabajos, en este enlace.


miércoles, 27 de enero de 2021

Sant Mer, el Costumari Català y un regalo de Reyes…

Desde hace años siento verdadera pasión por aquellos libros que recogen historias maravillosas pero que, por una u otra razón, pasan inadvertidos para el público en general. Son novelas, ensayos o libros científicos que intentan explicar aquella parte de nuestra vida menos apegada a lo racional. Lo raro, lo extraño, lo diferente…

De entre todos, siempre he sentido un interés especial por la gran obra del etnógrafo catalán Joan Amades,  Costumari Català. Se trata de voluminoso trabajo  de más de cinco mil páginas (publicado en 1950) que recoge la labor de investigación y recopilación realizada durante 35 años por este particular folklorista.


Hace ya algunos años que hicimos referencia al Costumari en el blog, aconsejando su lectura y su estudio. Y también ha sido reiteradamente mencionado en artículos o programas de radio en los que hemos intervenido hablando, entre otros, del drac del lago de Banyoles o de los temibles simiots que supuestamente asolaron Cataluña hace siglos.

Bien. Los hados se han confabulado y este año los Reyes Magos, con la abanderada Maga Tamara al frente, me han hecho muy feliz: la mañana del 6 de enero, un enorme paquete envuelto para mí apareció en el salón de casa. Dentro… sorpresa… una maravillosa edición, perfectamente conservada del Costumari, estaba guiñándome sus páginas, invitándome a sumergirme en su lectura.

Hoy es Sant Mer

Soy el criptozoólogo más feliz del mundo. La colosal obra de Amades a mi disposición. Eso significa cientos de horas de lectura y años de felicidad de liberación lenta leyendo, estudiando y entendiendo el trabajo del genial investigador.

Hoy es 27 de enero, el día de Sant Mer, el santo amansador del drac de Banyoles, según la tradición y como bien recoge Amades en el primer volumen de su Costumari. Sant Mer también fue famoso por derrotar a un peligroso bruixot lo que, años después del incidente con el dragón, aumentó aún más su fama de santo. No quería dejar pasar la ocasión de recordar fecha tan señalada

Gracias a la Maga Tamara… y gracias  a Amades por haber dedicado su vida (casi cual Charles Fort en su ámbito) a recuperar leyendas y tradiciones que nunca se han de perder y -con ello- a hacer feliz a personas como yo. Gràcies.


Para saber más:

Associació Cultural Joan Amades



jueves, 21 de enero de 2021

 

Sirenas del Nuevo Mundo

Los encuentros de Cristóbal Colón y Hernando de Grijalva con estos mitológicos seres

 

Carlos A.Font Gavira
Historiador

 

En el panteón de criaturas mitológicas las sirenas ocupan un lugar destacado. Desde la más lejana mitología las sirenas han estado presentes en nuestro imaginario cultural. Los antiguos griegos dieron vida a las sirenas a través de las aventuras de la Odisea. Según el mito las sirenas eran criaturas marinas, conformadas la mitad de su cuerpo como animal y la otra mitad como humano. También poseían un atributo de belleza que usaban para seducir a los hombres de mar. Los rudos marineros, en sus largas travesías, eran encantados por los cantos de sirena y terminaban ahogados en la profundidad del océano. Un significado trágico de la atracción mortífera que siempre ha ejercido el mar entre nosotros.


Hoy vivimos en una época de hipertrofia tecnológica. Cámaras digitales, comunicaciones satelitales, teléfonos de vanguardia,... producen una cantidad ingente de imágenes y vídeos sobre criaturas anómalas. Sin embargo, la proliferación de contenido no garantiza una verdad exacta. Al contrario, hoy más que nunca es más fácil la manipulación y el engaño. En las siguientes líneas vamos a realizar, no el proceso inverso, sino el más antiguo. 

Vamos a remontarnos quinientos años atrás a los testimonios de célebres navegantes cuando el mundo empezó a hacerse más pequeño. En la Era de los Descubrimientos, el engaño también existía pero era menos prolífico en un momento en que las pruebas dependían del testimonio personal plasmado, la mayoría de las veces, en un trozo de papel.

 

1.-La decepción de Colón
 

El primer testimonio moderno de una sirena nos lo brinda Cristóbal Colón. El descubridor (oficial) de América realizó cuatro viajes a América donde tomó notas descriptivas de todo lo que veía. Distancias náuticas, régimen de vientos, vegetación, costumbres de los nativos, animales, … Todo un catálogo de datos reveladores de una nueva realidad que jalonan las páginas del Diario de a bordo de Colón. 


Es cierto que muchas impresiones de Colón parecen extraídas de su imaginación como cuando aseguró ver indios con cabeza de perro en las islas del Caribe o una abundancia de oro que nunca existió. Incluso, el 4 de noviembre de 1492, apuntó una revelación sensacional ya que lejos de allí de la isla “había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura.” ¿Alucinación o exageración? 


A principios de 1493, en concreto el 9 de enero, Colón escribió la siguiente entrada en su diario: “El día pasado, cuando el Almirante iba al Río del Oro, dijo que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintas, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara.” ¿Qué criatura divisó el Almirante de la Mar Océana?

 

En la actualidad existe un consenso en aceptar que el manatí (Trichechus manatus) se encuentra tras el mito de las sirenas. Si vemos un manatí y lo comparamos con la imagen idealizada que nos ha transmitido la mitología diríamos que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Las sirenas de la mitología son bellas, estilizadas y con un punto seductor. Los manatíes son criaturas inofensivas, vegetarianas y mansas pero poco gráciles, lentas y orondas. Entonces, ¿por qué esta comparación entre animal real y criatura fantástica? 

Manatí antillano (Trichechus manatus) en el Merritt Island's National Wildlife Refuge de Florida, cerca del Centro Espacial Kennedy.

En honor a la verdad el manatí muestra algunos rasgos peculiares. Por ejemplo los pechos y glándulas mamarias que posee así como la manera de mantener a sus crías en sus brazos (aletas) mientras flotaban en aguas costeras. Así pues la confusión manatí-sirena surgió en el siglo XVI, se acrecentó en los siglos XVII-XVIII y solo a partir del siglo XIX se empezaron a deslindar ambos términos. Como legado de esta comparación histórico-natural el orden zoológico que incluye a los manatíes (y a sus primos del Viejo Mundo los dugongos) recibió el nombre de los “Sirenios.”


El manatí antillano que, seguramente, fue la criatura que avistó Colón pasa por ser de los más grandes de su género puesto que alcanza los 1.200 kilogramos de peso y cerca de cuatro metros de longitud. El manatí antillano habita ríos, lagunas, entornos marinos costeros así como manglares y arrecifes de coral. A pesar de soportar los ambientes marinos necesitan algún acceso al agua dulce. A continuación vamos a comentar una pieza documental más interesante si cabe. En este caso cambiamos de escenario pues nos debemos trasladar al Mar de Cortés (California), de siglo (primer tercio del siglo XVI) y de formato.


2.-La extraña criatura del Mar de Cortés

Ahora contamos, no con unas pocas líneas de un breve apunte, sino una observación más detallada y acompañada de una descripción minuciosa y, lo más importarte, de sendos dibujos de una extraña criatura.

 

Hernán Cortés

Hernán Cortés (1485-1547) ha pasado a la Historia por ser el conquistador del Imperio Azteca. Con pocos hombres y armado, no sólo de caballos y arcabuces, sino también de astucia y estrategia logró el extremeño doblegar a la civilización más prominente de Mesoamérica. Hay una faceta menos conocida de Hernán Cortés pero igual de destacable. Nos referimos a su oficio de descubridor y explorador puesto que patrocinó cuatro expediciones, que sepamos, para conocer y explorar el Mar del Sur (Océano Pacífico). 


Durante su estancia en España en 1529, Cortés consiguió del Emperador Carlos V, el título de marqués del Valle de Oaxaca y licencia sobre futuras descubrimientos en la Mar del Sur. De regreso en México, Cortés envió a su primo Diego Hurtado de Mendoza en 1532 a que explorara el litoral del mar del Sur, más allá de los límites de la Audiencia de la Nueva Galicia (Provincias de Xalisco y Zacatecas). La expedición, compuesta de dos barcos, partió del golfo de Tehuantepec (donde Cortés fundó un astillero), fueron costeando las costas de Jalisco y Nayarit.


Una segunda expedición partió del hoy puerto de Manzanillo el 30 de diciembre de 1533 con dos naves (“Concepción” y “San Lázaro”). Ésta última estaba bajo el mando del Capitán Hernando de Grijalva (¿Cuéllar?,España s.f./Océano Pacífico,c. 1537) Los barcos se separaron durante la travesía. El “San Lázaro” descubrió las Islas Revillagigedo y continuó explorando las infinitas aguas del Océano Pacífico. 


Entre los innumerables legajos del Archivo de Indias, memoria viva de América, encontramos una estampa singular. En una cuartilla de papel aparece representado el dibujo de dos sirenas avistadas durante la expedición de Hernando de Grijalva. La criatura es denominada “hombre marino” y además apunta lo siguiente sobre su curioso comportamiento: “se regocijaba de la misma manera que un mono, zambulléndose y bañándose con las manos, y mirando a la gente como si tuviera sentido.” ¿Qué animal real se halla tras esta vivaracha criatura?


Examinando los dibujos presentados se observan sendas criaturas, de perfil, y mirando hacia la izquierda. En realidad es el mismo dibujo pero con dos diseños. La única diferencia visible entre ambos dibujos es que el primero presenta, a partir del torso, una piel escamada. La cabeza es bastante similar a la humana pero sin pelo aparente ni pabellones auditivos. El hocico es corto, ojos grandes y ovalados. 


En el segundo dibujo parece asomar, según mi interpretación, unos leves bigotes por debajo de la nariz. El cuello es corto y el pectoral y extremidades bastante similar al humano. Los brazos son, increíblemente, parecidos a los humanos pero, ojo al dato, poseen cuatro dedos en la mano derecha y cinco dedos en la mano izquierda. ¿Error o confusión? Tal vez el término correcto serían aletas (propio tanto de los Pinnípedos como de los Sirénidos). Las extremidades posteriores acaban en unas bien diseñadas aletas.

Dibujo de dos "sirenas" avistadas durante la expedición de Hernando de Grijalva y Martín de Acosta por las costas americanas de la Mar del Sur. 1533. Archivo General de Indias. Sevilla. PATRONATO,20.N.S.R.7. (Extraído del catálogo "Exposición Pacífico. España y la gran aventura de la Mar del Sur.Gobierno de España". Acción Cultural Española (ACE).2013.

Grijalva retornó al puerto de Acapulco en febrero de 1534 no sin antes explorar las costas del golfo de Tehuantepec (actual México). En su regreso Grijalva y sus hombres volvieron a ver a la extrema criatura, al que llamaban “hombre-marino”. Los datos que aporta en este segundo avistamiento no tienen desperdicio: “El pez que vimos se asemejaba a esto aunque no divisamos si tenía escamas o no, que parecía la color de tonina, lo demás tenía ni más ni menos los brazos e manos monstruosos porque vimos levantarse en aire fuera de la mar.” 


Grijalva participó de otras expediciones a la Baja California que engloba el Mar de Cortés. No es mala zona para encontrar criaturas extrañas o misteriosas pues alberga una biodiversidad marina apabullante. Se calcula que el 40% de las especies marinas de todo el mundo se encuentran en el Mar de Cortés. No extraña que el comandante Jacques Cousteau denominara a este mar como “el acuario del mundo.”

 

3.-Candidatos a resolver el enigma del “hombre-pez”

 

Esqueleto de un manatí. Museo Cívico de Zoología.
Roma (Italia).Archivo del autor

Ahora comienza la parte más difícil de nuestro relato. El presentar candidatos reales que identifiquen a las criaturas dibujadas en el viejo legajo. En primer lugar iremos a lo fácil. Podemos seguir el caso del avistamiento de Colón de 1493 y plantear que Grijalva viera a un manatí. Lamentablemente, en base a los datos que poseemos, es el animal acuático que menos se le parecería. Los manatíes son lentos (su velocidad máxima llega a 8 km/h), y no encajan con la agilidad y curiosidad de la criatura descrita. 

Según la descripción de los documentos del Archivo de Indias la criatura “se regocijaba de la misma manera que un mono”, “miraba a la gente”, y en el viaje de regreso se “levantaba en el aire fuera del agua”. Además existe el factor decisivo de la geografía. Los manatíes habitan las islas y litorales del Mar Caribe y en el río Amazonas. Aunque pueden tolerar ciertos ambientes salobres como manglares y estuarios no son, propiamente dicho, animales marinos. El avistamiento de Grijalva tuvo lugar en las aguas del Pacífico Sur así que un manatí no podría ser nuestro “hombre-pez.”


Nutria marina. Foto de Matt Knoth

Existe un mamífero marino que reúne algunas de las características de la misteriosa criatura. Me refiero
a la nutria marina (Enhydra lutris). Este entrañable animal es un peso pesado dentro de la familia de los Mustélidos. Los machos adultos pueden pesar hasta 45 kilogramos. Las nutrias marinas muestran una desenvoltura en el mar increíble. Además han desarrollado una serie de pautas que demuestran su aguda inteligencia. 

Utilizan las algas marinas como edredón envolvente para que no les arrastre la corriente y es de los pocos mamíferos, junto a los primates, capaces de usar herramientas. La nutria marina se posiciona boca arriba y usa una piedra como herramienta para romper cangrejos y erizos de mar que colocan sobre su panza. 


Las nutrias marinas poseen una capa aislante de aire atrapado entre los pelos largos y la borra. Nada que se asemeje a las escamas de la parte inferior que aparece en el dibujo. Aunque cierto es que en el relato de Grijalva no asegura que divisaran escamas en su cuerpo. Respecto a las aletas, las nutrias marinas no tienen como tales pero si unos pies anchos con membranas interdigitales hasta la punta de los dedos. Esta adaptación facilita la natación e inmersión en el agua. Pero otra vez el factor geográfico nos hace descartar a la nutria marina como el animal que se esconde tras el “hombre-pez.” Esta especie de nutrias habitan las aguas del Pacífico Norte, es decir, el litoral del Norte de los Estados Unidos, Canadá, Alaska y el Extremo Oriente de Rusia.


Nos queda un candidato que sin reunir todas las cualidades de la extraña criatura bien pudiera encajar. El león marino de California (Zalophus californianus), como su nombre indica habita las aguas de la Coste Oeste de Norteamérica, incluyendo la Península de la Baja California que exploró Grijalva. En este caso la distribución geográfica de este animal juega a nuestro favor. El león marino posee un tamaño respetable ya que los machos pueden alcanzar los 400 kilogramos. Este pinnípedo es muy ágil, gregario e inteligente. Es muy utilizado en las exhibiciones animales y sus chillidos vocingleros retumban en los acuarios y zoos de todo el mundo. El león marino californiano está plenamente adaptado a su entorno, es capaz de aguantar cinco minutos bajo el agua y bucea a una profundidad de unos 70 metros. Los leones marinos son muy ágiles en el agua pues moviendo las aletas a modo de remos pueden alcanzar unos 30 km/h. Demuestran además una gran agilidad en el agua ya que puede operar giros bruscos que le ayudan a escapar de los depredadores.

Ejemplar de león marino en las costas de California (EE.UU.). 

Fotografía de Mike Baird. (Bairdphotos.com)

Este magnífico animal si parece encajar en la descripción de las extremidades del dibujo. Si omitimos los cuatro dedos de una de las extremidades que aparece en el dibujo, el león marino dispone de cinco dedos, el más largo de los cuales es el pulgar. Las aletas traseras también son visibles, los cinco dedos que corresponden a los pies son más pequeñas que las anteriores y, a diferencia de éstas, poseen garras en los tres dedos interiores. En tierra las aletas posteriores le sirven de apoyo, y en el agua, de timón. Hay una serie de características morfológicas que difieren del dibujo. El dibujo no presenta orejas visibles que es un rasgo característico de los leones (y osos) marinos, aunque muy reducidas. Estos pabellones auditivos son pequeños, están reforzados con cartílago y poseen músculos propios. También poseen bigotes que son largos y correosos.

 

Conclusiones

 

Así pues creo que el león marino se acerca bastante a la criatura que divisaron los hombres de Grijalva en 1533. No puede parecer un animal sensacional o fuera de lo común pero hay que tener muy presente la mentalidad de los hombres del Viejo Mundo ante el Nuevo. Algunos de los hombres de mar o que vivieran en pueblos marineros quizás podrían haber visto una foca o ballena en su vida pero muchos de estos hombres provenían de pueblos y villas del interior de España. El dibujo está muy conseguido para la época y se le puede perdonar, obviamente, algunos rasgos físicos que no hayan sabido plasmar.

Hemos obviado un dato que se refiere al color de “la tonina”. Este término es sinónimo de delfín en muchos países de América así que quién sabe si un nuevo cetáceo puede encarnar a las sirenas del Nuevo Mundo.

 

Más información

 

-El gran libro de la criptozoología. Gustavo Sánchez Romero, David Heylen y José Gregorio González. Edit.EDAF.2008.

-Dibujo de dos “sirenas” avistadas durante la expedición de Hernando de Grijalva y Martín de Acosta por las costas americanas de la Mar del Sur.1533.

-Papel manuscrito,dibujo a pluma. Cuaderno de 4 hojas de 30.5x21,5 cm. ARCHIVO GENERAL DE INDIAS.Sevilla. Patronato.20.N.S.R.7.Incluye MP-ESTAMPAS.2.

-Diario de a bordo. Cristóbal Colón. Arlanza Ediciones.2002.

 

Nota del autor: las transcripciones de los textos originales del siglo XVI se han adaptado a la escritura actual para su mejor entendimiento.


Más de Carlos A. Font en Criptozoología en España:



miércoles, 30 de diciembre de 2020

Esta Nochevieja, pásala en TONDI

Si amigos. La noche del 31 vamos a celebrar el nuevo año por todo lo alto. Y lo haremos con todos los amigos de Todo Nos Da Igual (TONDI) el magazine radiofónico presentado y dirigido por Carlos Dueñas, en una muy especial Noche de After.

Algunos de los invitados confirmados somos Pedro Amorós, Miguel Ángel Pertierra, Luis Dévora, Javier Belmar, José Antonio Caravaca, Iván Torregrosa, Juan Rada, Alfonso Trinidad y quien esto escribe.

Un programa especial para despedir el dichoso 2020 y recibir a 2021 con esperanza, alegría y buen humor. Una gala insólita amenizada por un DJ de excepción, ¡Fernandisco!

Así que ya sabes. Ponte tus mejores galas y conecta con Radio 4G o Radio Edenex a partir de la medianoche. Te esperamos para decir todos juntos: ¡Adiós 2020!


lunes, 28 de diciembre de 2020

Descubren un nuevo gusano en Jaén

Acabamos el año con una buena noticia. La riqueza biológica de nuestro país nos ha deparado una nueva sorpresa, esta vez en forma de pequeño gusano hallado en Jaén.

Investigadores de la Universidad de Jaén han descubierto y descrito una nueva especie de gusano terrestre que puede ser considerado como uno de los nematodos más pequeños conocidos hasta ahora en todo el planeta. Además, el Protorhabditis hortulana, como ha sido denominado, presenta características tan singulares como la de ser hermafrodita.

El nuevo nemátodo descubierto. 
Imagen: Joaquín Abolafia
La nueva especie de nematodo fue encontrada en una huerta situada a nueve kilómetros al sur de la ciudad de Jaén, en una zona conocida como Puente de la Sierra. Los ejemplares adultos encontrados medían 0,2 mm, un tamaño inusual para estos animales. Hasta ahora, los nematodos más pequeños que se habían encontrado aparecían en entornos marinos. Otra característica que ha sorprendido a los investigadores es que la especie P. hortulana solo tiene hembras y son hermafroditas.

Los gusanos más pequeños del mundo

Los nematodos son pequeños gusanos que miden alrededor de 1 milímetro de longitud y viven de forma libre en el suelo o en el agua. Se alimentan de bacterias, algas unicelulares, hongos u otros nematodos. También pueden ser parásitos de otros animales y plantas. Presentan, por tanto, una gran capacidad de adaptación.

Científicos del Grupo Andaluz de Nematología de la Universidad de Jaén se han centrado en estudiar cómo un tipo de gusanos, normalmente asociados a ambientes húmedos, se han adaptado a ecosistemas secos en el sur de la península ibérica. Así han aparecido nuevas especies exclusivas de estos ambientes extremos, que pueden servir a los expertos para detectar procesos de desertización.


Para saber más:




viernes, 11 de diciembre de 2020

Serpientes gigantes en los campos de Cuba. Más allá de la leyenda

Por Moisés Mayán


Antecedentes y referencias


En mis incursiones en la criptofauna cubana, la “madre de aguas” seguía siendo una asignatura pendiente. Sin embargo estaba absolutamente seguro, que más temprano que tarde, saldría a seguirle el rastro a alguna de estas criaturas, pero el disparo de arrancada no se producía. Aunque los criptozoológos tenemos fama de ser los “pobres tarados” de la comunidad científica internacional, lo cierto es que trabajamos con los mismos presupuestos que nuestros colegas acreditados. De modo que no iba a lanzarme a desarrollar un sistema de pesquisas, sin antes tener un hilo luminoso del cual tirar.


Aunque es desde 1940 cuando en el campo cubano comienzan a colectarse los testimonios referentes a la “madre de aguas”, lo cierto es que esta criatura no pertenece exclusivamente a la mitología cubana, pues ha estado presente en el imaginario de pueblos latinoamericanos e incluso africanos. Fue en 1940 cuando alumnos de Gramática y Literatura del Instituto de Segunda Enseñanza de Sagua La Grande (Villa Clara), coordinados por la profesora Ana María Arriso, se dedican a recopilar historias sobre los avistamientos de la “madre de aguas” de la laguna de Los Hoyuelos.

Hacia 1962, luego ya del triunfo revolucionario, el notable investigador cubano José Seoane Gallo, recoge otro testimonio al entrevistar al obrero José Miguel Rodríguez, vecino del barrio El Condado. Sin temor a dudas los principales aportes para adentrarnos en el enigma de las “madres de aguas” son los compilados por la labor investigativa del etnólogo Samuel Feijóo y que se pueden consultar en su libro Mitología cubana (1980).

Para contar con una representación visual de esta enigmática criatura, desechando todo lo de sobrenatural que gravita sobre la “madre de aguas” y concentrándonos solo en rasgos morfológicos descritos por testigos visuales, podríamos concluir que nos referimos a un ofidio de gran talla, con escamas gruesas y difíciles de penetrar, que en ocasiones ha sido descrito con dos protuberancias en forma de cuernos sobre la cabeza, e incluso con barbas pilosas bajo la mandíbula inferior. En todos los casos la “madre de aguas”, como su propio nombre sugiere, está asociada a manantiales, ríos, lagunas y pozos profundos, por lo tanto podría insertarse en el índice de serpientes lacustres para su estudio criptozoológico.

El Majá de Santa María, un candidato probable

Si vamos a desentrañar la naturaleza de una criatura como esta es bastante probable que nos esforcemos por relacionarla con algún miembro análogo de la fauna local. En ese caso, los votos favorecen al Epicrates angulifer o Majá de Santa María, una boa cubana de color amarillo dorado con manchas oscuras, que constituye el mayor ofidio de todos los que habitan en la Isla. Resulta sumamente curioso que el Majá de Santa María esté incorporado a una mitología popular que nada tiene que envidiarle a la protagonizada por la “madre de agua”.

Majá de Santa María
En primer lugar, muchos guajiros aseguran que el majá siente predilección por el olor y el sabor de la leche materna humana; intentona quizás involuntaria de anexar a nuestra boa a la tradición de mitos clásicos de las llamadas “serpientes mamadoras” que se replican en numerosas culturas desde la antigua Grecia hasta los relatos nórdicos. Otros mitos en torno al Epicrates angulifer, proponen que el ofidio posee la capacidad de acoplar las secciones de su cuerpo separadas por un machetazo, y además lo ubican como sustituto de las serpientes al servicio de los paleros que descienden de las etnias del reino de Manicongo.

El 4 de enero de 2007, el periódico Juventud Rebelde publicaba un artículo sobre el hallazgo en el batey Armonía en Bolondrón, provincia Matanzas, de un ejemplar juvenil de Majá de Santa María con dos cabezas vitales. A pesar del revuelo que produjo este ejemplar, minuciosamente examinado por el Dr. Tomás Ramón Escobar Herrera, por ese entonces director del Zoológico Nacional, lo que nos parece más interesante es por ejemplo, que en la Amazonía  la “madre de aguas” se ha bautizado como Yacu-mama y de acuerdo a lo publicado por Gina Picart en su blog Hija del Aire, “se dice que es una serpiente acuática de dos cabezas, con un cuerpo enorme y cilíndrico que puede medir hasta 30 metros y devora a quienes se bañan en las aguas donde habita”.

Un año después, el 1ro de julio de 2008, nuevamente el Majá de Santa María volvía a acaparar titulares en el Juventud Rebelde, esta vez luego que un ejemplar de aproximadamente un metro de largo mordiera a la niña Adis Amelia González Tillán de seis meses de nacida mientras dormía en su casa del municipio Cerro en La Habana. El animal atraído quizás por el olor de la leche materna, repitió varias veces sus visitas a la cuna de la pequeña hasta que el padre lo descubrió y lo eliminó valiéndose de su machete. La pregunta que se impone en este momento de la narración es si podemos atribuir el mito de la “madre de aguas” al Majá de Santa María y zanjar esta polémica que lleva siglos enraizada en imaginario del campesino cubano.

En la línea de arrancada

Como les dije con anterioridad no había tenido tiempo para dirigir mis inquietudes científicas a la presunta “madre de aguas” y me encontraba focalizado en críptidos cubanos más convencionales como el carpintero real (Campephilus principalis bairdii) o el almiquí (Solenodon cubanus). Esperaba pasivamente un pretexto para hincar los colmillos en el tema de las desmesuradas serpientes de los campos cubanos, mientras devoraba un libro tras otro sobre religión en busca del necesario marco teórico de mi tesis de Maestría. 

Fue entonces cuando tropecé con una rarísima publicación, el ejemplar único del libro Nuestras raíces adventistas de la Máster en Teología Sara Zaldívar Zaldívar, quien trazaba a grandes rasgos un itinerario de la Iglesia Adventista del Séptimo Día desde su organización en los Estados Unidos en 1863 hasta su asentamiento en el entorno cubano y holguinero.

En la página 64 del único ejemplar del referido título, que además fue impreso por medios propios y para consumo de unos pocos allegados, descubrí la siguiente incitación, que constituiría el ansiado detonante de mi búsqueda de la “madre de aguas”:

El ciclón Flora hizo estragos en las localidades cercanas, como Cauto Cristo. Allí se encontraba la familia adventista de los Montejo. Su casa se anegó en agua, y vieron como entraba por una puerta y salía por otra un gran animal nadando, se le pareció a un cocodrilo”.

¿Por qué a partir de este fragmento determiné que había llegado el tiempo de iniciar las exploraciones? Bueno, para responder a esa pregunta, debo compartirles otra anécdota que me relató Luis Alberto Isidor, también miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Según me narraba este amigo, cuando el ciclón Flora azotó el Oriente de Cuba en el año 1963, una familia de campesinos adventistas de la zona de Cauto Cristo, sorprendidos por la súbita crecida del río Cauto, no tuvieron otra alternativa que escalar al techo de guano de su casa mientras esperaban por las brigadas de rescate y salvamento.

De pronto, notaron que en aquel océano de sedimento venía flotando el tronco de una palma. Cuando estuvieron más cerca del objeto descubrieron que la supuesta “palma” se movía de forma extraña, y solo entonces se percataron que no se trataba de un tronco, sino de una serpiente gigante. Las mujeres entraron en pánico y amenazaron con lanzarse al agua buscando alejarse del animal, sin embargo el ofidio envolvió su cuerpo a las ramas de un árbol y permaneció unos minutos observándolos fijamente con sus grandes ojos amarillos. Luego se soltó de las ramas y siguió nadando arrastrado por la corriente.

El ciclón Flora fue algo así como la versión cubana del diluvio bíblico, pues además de un millar de víctimas, arrasó con viviendas, puentes, miles de caballerías de arroz, campos de caña, cafetales, servicio eléctrico, e incluso Fidel Castro sufrió un accidente cuando el vehículo anfibio donde viajaba se hundió en el cruce del río La Rioja. Es común que ante el paso de estos eventos naturales, algunas especies sean desplazadas de sus hábitats y aparezcan en zonas desacostumbradas, por lo tanto los avistamientos de grandes animales nadando en las aguas del Cauto durante el Flora, poseían cierta explicación factible.

Con estas dos contribuciones al fenómeno de la “madre de aguas” le pedí a Sara Zaldívar, que de ser posible me revelara la identidad del informante que le había transferido la anécdota recogida en su libro y ella me facilitó un nombre, Aracelis Sánchez. En el caso de Luis Alberto Isidor, solo amplificaba un relato que llegó hasta él producto de la tradición oral, pero no conseguía aportar un informante en particular, de manera que me dispuse a visitar cuanto antes a Aracelis Sánchez. Con las preguntas iniciales a esta amable anciana de más de ochenta años, pude determinar rápidamente que sus aportes no irían más allá de lo mencionado en el libro de Sara Zaldívar; es más, ni siquiera había sido ella la que presenció el raro animal, sino la familia Montejo, con los que mantenía relaciones de parentesco.

Información de primera mano

Un poco desanimado, me puse en pie para concluir con la visita cuando Aracelis me anunció que sus primas Élida y Eva Montejo sí habían observado la criatura en 1963, que ambas estaban vivas aunque muy mayores, y que de Eva, tenía no solo la dirección sino también el número teléfono. Casi doy un salto en la pajilla del sofá donde permanecía sentado junto a mi esposa. Aracelis se levantó del balance y regresó con una pequeña libreta de notas que temblaba en sus manos. Yo mismo localicé los datos, agradecí, y tres minutos después estaba llamando a Eva Montejo.

El hombre que salió al teléfono me pidió que le hablara alto, pues producto de la edad, Eva afrontaba serias limitaciones con su audición. En cuanto la voz quebradiza de la anciana sonó del otro lado de la línea, supe que no había elaborado un argumento convincente para que me abriera las puertas de su casa, y accediera a ser interrogada. Imaginen que digo algo como esto: “Hola Eva, soy un criptozoólogo y ando tras la pista de una serpiente gigante conocida como ‛madre de aguas’, además tengo buenas razones para asegurar que lo que atravesó su casa en octubre de 1963, no fue ningún cocodrilo sino una de esas enigmáticas criaturas, ¿cree que puedo entrevistarla?”

Ya sé que les suena descabellado, así que preferí aferrarme al vínculo que de alguna forma nos unía a Sara Zaldívar, Aracelis Sánchez, Eva Montejo y a mí, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. “Producto de la cercanía del fin de año estamos visitando a algunos hermanos que no pueden asistir a la iglesia, y nos gustaría conversar con usted”, fue todo lo que dije, algo que era además una verdad irrefutable. Cuando Eva Montejo colgó el teléfono, yo contaba con una carta ganadora en mi poder. Un día, miércoles, y una hora, dos y treinta de la tarde.

El autor, Moisés Mayán

Aunque no lo crean, entre este párrafo y el anterior hay setenta y dos horas de diferencia. He estado comiéndome furiosamente las uñas y caminando de aquí para allá sin conseguir concentrarme en otro objetivo que no fuera la visita a Eva Montejo. Anoche me levanté a las dos de la madrugada y a pesar de zamparme un ansiolítico no pude conciliar el sueño. Lo que en verdad me mantenía en vigilia no era tanto el hecho de encontrarme con Eva Montejo, sino la posibilidad de que su testimonio desarticulara la hipótesis en la que se fundamentaba mi trabajo de investigación. Eva y su hermana Élida, quien me aseguraron vivía todavía en la región de Cauto Cristo, provincia Granma, eran presumiblemente las únicas dos personas que habían visto en todo el Oriente del país una “madre de aguas”, y tomando en consideración que Luis Alberto Isidor no podía facilitarme un ser de carne y hueso apuntalando su relato, más que un informante clave, Eva se convertía en mi única fuente primaria.

Ya sé que a los cubanos no nos distingue la puntualidad, pero a las dos de la tarde yo estaba sentado en la sala del apartamento de Eva Montejo, mientras su esposo le anunciaba que había llegado la visita. Sostenida por su compañero de la vida, Eva irrumpió en la sala auxiliándose de un bastón metálico con empuñadura plástica. Su apariencia era tan frágil que por unos segundos pensé que no podría llevar a cabo nuestra conversación. “¿Usted fue el que llamó por teléfono?”, me pregunto mientras se acomodaba los cojines en la espalda. Asentí con la cabeza y acerqué mi butaca a su asiento para que pudiera escucharme mejor. Era el 9 de diciembre de 2020.

Efectos del ciclón Flora en Cuba (1963)

Necesitaba regresar a un episodio puntual ocurrido cincuenta y siete años antes, y además reunir el mayor número de detalles posibles. Era una tarea titánica, pero ya que había llegado a ese punto me disponía a proseguir hasta el final. “Era octubre de 1963, el ciclón Flora cruzaba por el Oriente de Cuba y las fuertes lluvias provocaban inundaciones severas. Las aguas del río Cauto subieron desproporcionadamente y llegaron hasta el caserío de Pestán…” En ese punto Eva me interrumpió: “Fue algo terrible, parecido a un diluvio, la gente se subía a los techos, dentro de la casa el agua nos llegó hasta las rodillas”. “¿Y quiénes estaban con usted?” “La familia, mi padre, mis hermanos, mi madre no, porque estaba ingresada en Bayamo. Todos éramos cristianos”. “¿Y Élida estaba ahí?” “Sí, Élida también”. “¿Ella vive todavía en Cauto Cristo?” “Sí, pero tiene un hijo muy enfermo, pobrecita”.

El esposo se puso en pie justo detrás de Eva y me aclaró que Élida había muerto recientemente, pero que preferían que ella no se enterara. Tomé una bocanada de aire helado y me dispuse a afrontar el núcleo duro de la entrevista. “Según me contó su prima Aracelis, ustedes vieron un animal muy grande que entró nadando a la casa”. “¿Un qué?” (Pensé una vez más que la investigación se iría a pique). “Un gran animal que entró nadando por una puerta y salió por la otra”. “Ah, sí fue algo muy grande, largo, rollizo, con la piel manchada, pero no me dio miedo. Atravesó en silencio toda la casa”.

“¿Se le parecía a algún animal conocido?” “No sé, solo que era muy grande y alargado”. “¿Sus familiares qué opinaron sobre esa criatura?” “Nada, ellos no lo vieron, solo yo lo vi. Es increíble que Aracelis se acuerde de esa historia”. “Hay también un libro donde se narra brevemente su encuentro con el animal”. “¿Sí?” “Sí, se dice incluso que era un cocodrilo”. “No, no era un cocodrilo, era otra cosa. Recuerdo muchos detalles de ese día. Vino a visitarnos un muchacho en su caballo y luego nos enterábamos que se había ahogado, fue muy doloroso”.

En la punta de la lengua me escocía una incógnita más: ¿Sería como una serpiente gigante? ¿Una serpiente mucho más grande que cualquier Majá de Santa María que usted hubiera visto? Pero temía estar manipulando un testimonio de tanto valor, así que di por terminada la entrevista, sintiéndome absolutamente satisfecho. En primer lugar porque poseía la seguridad de que aquel misterioso animal no era un cocodrilo. En segundo, porque recientemente había estudiado la ictiofauna de la región biogeográfica del Cauto, y por esa fecha, ningún pez podría exhibir esa talla, y mucho menos, una piel moteada. En tercero, porque contaba con una historia complementaria de la misma zona, durante el mismo fenómeno climatológico, donde una familia de campesinos había avistado desde el techo de su casa una serpiente que inicialmente confundieron con una palma.

A modo de conclusiones

El Epicrates angulifer puede llegar a medir unos seis metros de longitud, y a simple vista su cuerpo exhibe manchas de color marrón o amarillo oscuro, pero me parece que hacerlo coincidir con la criatura que protagonizó estos dos avistamientos sería poco menos que arbitrario. Si bien, el presente trabajo y las decenas de testimonios recopilados en Cuba desde 1940, no constituyen pruebas definitivas de la existencia de la “madre de aguas”, quizás si apunten a la presencia de boas gigantescas en nuestros campos, un hecho que los científicos convencionales no están dispuestos a admitir. Se creía mayoritariamente que las “madres de aguas” se habían asentado por la caprichosa evolución de la leyenda en el centro de la Isla, sin embargo en Oriente donde se encuentran el río más caudaloso de Cuba, el Toa, y el más largo, el Cauto, las referencias a este legendario ser son casi nulas.

Podemos afirmar con incuestionable certeza que desde hace unos sesenta años no se reportan avistamientos de la “madre de aguas” en el archipiélago, por lo tanto quizás estemos asistiendo a la paulatina desaparición de un mito que no preocupa en lo más mínimo a las jóvenes generaciones. Sin embargo, en julio de 2020 la prensa cubana anunciaba el descubrimiento de una nueva especie de serpiente la Tropidophis steinleini sp. nov, quien hasta la fecha no tiene nombre común. Según el propio artículo, “la única hembra conocida se asoció con una vegetación xérica formada por baja sequía, matorrales y cactus, en los alrededores costeros semidesérticos del faro de Punta Maisí. La serpiente fue encontrada en el borde cementado de un pozo, probablemente en busca de agua”.

Tropidophis steinleini sp. nov

Aunque no estamos hablando de un ofidio gigante, la aparición de una nueva especie deja siempre abierta la posibilidad de que existan muchas otras que aún no han sido catalogadas y autenticadas por un comité de expertos. Por el momento las serpientes gigantes en Cuba continuarán ovilladas en los oscuros pozos del folclor campesino, un patrimonio intangible al que deberíamos aferrarnos con uñas y dientes. Cuando a fines de 2019, el grupo de teatro Los cuenteros de San Antonio de los Baños en Artemisa, llevó a escena ―como celebración por sus cincuenta años― la obra Cyriano y la madre de aguas, quise pensar que todavía no hemos renunciado por completo a ese mundo de fabulación incesante que arraigó en nuestros campos plantado por la buena mano del guajiro.

Agradecí al excelente dramaturgo matancero y amigo personal, Ulises Rodríguez Febles, por la escritura en 1998 de Cyriano y la madre de aguas, y mientras abrazaba quizás por última vez a Eva Montejo, en una fría tarde de diciembre, volví a ver a través de sus ojos, aquel extraño animal, largo y rollizo, con la piel manchada, que por lo menos para mí, será siempre una “madre de aguas”.

 

Bibliografía consultada:

Feijóo, Samuel: Mitología cubana, Letras Cubanas, La Habana, 2003.

Periódico Juventud Rebelde, (4 de enero de 2007, 1ro de julio de 2008, y 21 de septiembre de 2008).

Picart, Gina: “Madre de agua a la cubana” en blog Hija del Aire, 4 de agosto de 2010, disponible en https://ginapicart.wordpress.com/2010/08/14/madre-de-agua-a-la-cubana/

Revista de folklore, Fundación Joaquín Díaz, No. 449, España, julio 2019.

Rivero Glean, Manuel y Gerardo E. Chávez Espínola: Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2005.

Zaldívar, Sara: Nuestras raíces adventistas, Impreso por medios propios, Holguín, 2017

www.cubadebate.cu/noticias/2020/07/25/una-nueva-especie-de-serpiente-para-cuba-fue-hallada-en-punta-de-maisi/