domingo, 5 de abril de 2020

Avistan un ave gigante ayer sobre Galapagar (Madrid)


Un informante anónimo nos ha hecho llegar su reciente observación de algo que le ha parecido realmente anómalo. Ayer, 4 de abril, a las 12.04 horas, se encontraba disfrutando de un día soleado en la terraza de su vivienda en  Galapagar (Madrid) cuando una sombra llamó su atención. Se trataba de la silueta de un ave gigante que cubría un área enorme sobre la calle.


El testigo miró hacia el cielo y pudo ver –a unos 200 metros de distancia-  un pájaro de grandes proporciones, de color marrón y con una forma similar a la de un águila. La visión duró unos ocho segundos y según sus palabras,  lo que más llamó su atención fue su tamaño pues “en comparación con otras aves la diferencia es descomunal”.

Nuestro informante afirma que está acostumbrado a ver aves de distintas especies y tamaños sobrevolando la zona, pero lo de ayer escapaba a su comprensión. Por este motivo, nos contacta para conocer si alguien más pudo ver a tan extraño pájaro.



Si alguien desea aportar más datos a esta observación, puede dejar un mensaje en esta entrada o contactar por email a criptospain@yahoo.es.



sábado, 28 de marzo de 2020

¿Te aburres?


¿Te aburres en estos momentos de confinamiento? Desde Criptozoología en España y su blog hermano Criptobotánica, queremos daros algunas pistas para que estos ratos de tedio os sean más llevaderos.

En Criptozoología en España puedes encontrar, además de centenares de artículos sobre este fenómeno, nuestra Biblioteca Criptozoológica, que encontrarás en la parte derecha del blog. 


Está formada por una veintena de títulos - en descarga gratuita- que puedes leer, consultar,.. En ella hay desde clásicos como Mothman, de Jhon A. Keel o El libro de los condenados de Charles Fort, hasta  catálogos de exposiciones recientes sobre monstruos, tratados sobre animales extintos,…

Por su parte, en Criptobotánica encontrarás una selección de películas de terror y de ciencia ficción de los años 50 a los años 70 del pasado siglo con plantas como protagonistas.


Puedes ver títulos como El día de los trífidos, de 1962 o la más comercial La tienda de los horrores, en su versión de 1960.  Está situado en la parte derecha del blog, en la sección Cine Criptobotánico

Espero haberos aportado otra posible vía de escape para estos días extraños. Cuidaos mucho y que no os dé tiempo a verlo y leerlo todo. Eso será buena señal.



miércoles, 4 de marzo de 2020

¿Encuentro real con un carpintero o carpintero real, el desencuentro?, por Moisés Mayán


Moisés Mayán
Esa mañana creí ser Walter Boles. Después de un viaje de seis semanas estudiando las aves y reptiles del norte del continente, Boles y sus compañeros de viaje se detuvieron al borde de la autopista 83 para observar una bandada de canasteras patilargas, cuando de repente, a los pies de este reconocido ornitólogo, apareció el cuerpo de un papagayo nocturno australiano. La especie se consideraba extinguida, pues desde 1912 cuando había sido capturado un ejemplar, nunca más se habían tenido noticias del misterioso pájaro. Lo absolutamente curioso es como el 17 de octubre de 1990, el cadáver del papagayo nocturno fue a dar con las botas de Walter Boles.

El pasado domingo 23 de febrero, realizaba junto a mis hijas y una de sus amigas, un trayecto de unos dos kilómetros hasta casa de su abuela materna. De repente y sin planificación previa, determinamos atravesar un bosquecillo de árboles de mediana altura, donde había avistado semanas atrás un solitario garzón (Ardea alba). El término "bosquecillo" a pesar del diminutivo sigue siendo un eufemismo, pues nos referimos a una zona bastante transitada, donde los vendedores de cerdos y pavos pululan de un lado a otro, y casi todos los fines de semana se emplaza un termo para la venta de cerveza a granel.

En fin, después de localizar el delgado cuello de la garza real, vieja conocida también de mis hijas, tropecé de pronto con el cuerpo de un carpintero antillano o jabado (Melanerpes superciliaris). Aunque el carpintero jabado es la más común de las subespecies de carpinteros endémicas, no es usual observarlo en una ciudad de casi medio millón de habitantes. El cuerpo estaba todavía flácido y las hormigas se encontraban en fase exploratoria.

Foto: Moisés Mayán
Entonces me incliné para hacerle algunas fotos, y descubrí casi al instante, que los percances que siempre imputan a las fotografías de criaturas de interés criptozoológico, no tienen nada de artificioso. La cámara de mi teléfono permanecía ciega, como en pleno eclipse, así que sin salir del asombro lo reinicié, solo para descubrir que la batería comenzaba a parpadear. Enfoqué el cuerpo del carpintero y con menos de diez por ciento de carga, realicé un disparo. El teléfono se apagó de inmediato.

Entre mis hijas y su amiga tenía tres teléfonos más a mi disposición, así que las interrogué para conocer las propiedades de sus cámaras. El resultado era frustrante, pero apunté como pude con el teléfono de mi hija menor e hice blanco en la maraña de plumas blanquinegras del jabado. En cuclillas, mientras los vendedores de cerdos me espiaban con desconfianza, palpé el cuerpo del ave hasta que encontré una perforación a la altura del pecho. Como suponía, el carpintero había sido abatido por un tirapiedras, o sea, una horqueta de madera a la que adosan dos bandas de goma y un rectángulo de cuero. La creciente proliferación de tórtolas de collar (Streptopelia decaocto) en ambientes urbanos a todo lo largo de la Isla, ha traído como consecuencia el surgimiento de cazadores improvisados, en su gran mayoría niños y adolescentes que abrevian el ocio disparando a cuanto animal se les ponga a tiro.

De llegar solo media hora antes, es posible que hubiéramos visto al carpintero moverse con gracilidad entre las ramas, mientras sus victimarios seleccionaban el proyectil. Levanté el cuerpo emplumado de la hierba, y me percaté que no conocía a ningún taxidermista en la ciudad, y por lo tanto era un total iletrado en cuanto a la forma de preservación de semejante ejemplar, lo único que se me ocurría era embutirlo en la nevera como un pollo. La preservación a ultranza, es otra de las exigencias que hacemos a menudo a aquellos que en regiones remotas de la tierra, espesas selvas o procelosos ríos, han localizado restos de especies desconocidas.

Foto: Moisés Mayán.

Me pregunté si los muchachos que la habían emprendido contra el jabado tenían nociones sobre su endemismo, y si sabían que precisamente en el mes de febrero estas aves inician su temporada reproductiva. Mis hijas y su amiga veían por primera vez un pájaro carpintero fuera del Loquillo creado por Walter Lantz. Por suerte, cuando llegué a casa y revisé las fotos en detalle, se podía apreciar el píleo rojo (penacho o corona), que tanto distinguió a quien es en la actualidad nuestro más célebre críptido, el carpintero real o picamaderos picomarfil.

En septiembre de 2019 visité el Parque Nacional La Mensura, en Pinares de Mayarí, en el Oriente de Cuba, el mismo sitio donde en 1948, John Dennis fotografió un carpintero real (Campephilus principales bairdii). En junio de 2018 había desandado desde los Farallones de Moa hasta la intrincada comunidad de La Melba, tratando de reconstruir la ruta de los esposos Nancy y George Lamb, quienes fotografiaron un ejemplar en 1958. Por supuesto, aquellas travesías, más que fantasear con la utópica posibilidad de toparme con un carpintero real, procuraban convertirse en un silencioso homenaje a los hombres y mujeres que durante más de 60 años observaron al ave en su último refugio.

Además, mientras recorría resbaladizos senderos a la sombra húmeda de los bosques pluviales, no conseguía sustraerme al influjo de saber que allí anidaron los monarcas de la ornitología cubana. Como si no fueran ya suficientemente atractivos, en esos parajes del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, habita una pequeña población de almiquíes (Sonelodon cubanus), un sobreviviente del período Cretácico. Lo ineludible es que a pesar los avistamientos y de la persistencia de quienes afirman haber escuchado su canto, el carpintero real fue declarado extinto en 1994.

Carpintero real
En fecha tan próxima como 2016, el ornitólogo norteamericano Tim Gallagher, el observador de aves de origen holandés Martjan Lammertink, una escritora y un fotógrafo aterrizaron en el aeropuerto Frank País de Holguín, la ciudad donde nací, con una misión expresa, encontrar al carpintero real. Un campesino, en el corazón de las montañas de Moa, en un sitio conocido como Ojito de agua, juraba haber visto un carpintero real en 2008, mientras en 2011 confirmaba la presencia de su canto. Las extenuantes jornadas de interrogatorios a posibles testigos, observación y uso de imitadores de sonido, no produjeron resultados halagüeños, y la expedición reafirmó las sospechas de que la especie se encuentre irremediablemente desaparecida.

¿Se percatan por qué el papagayo nocturno australiano reapareció a los pies de Walter Boles y no de cualquier otro de sus veintitrés millones de compatriotas? ¿Por qué el carpintero jabado topa con mis zapatillas deportivas en una caminata de rutina? Boles, rescata el ejemplar de la suciedad del arcén, remueve las hormigas e informa al mundo del descubrimiento. Yo, salvando todas las distancias, examino detalladamente el cuerpo, tomo algunas fotografías, les declaro a mis hijas y a su amiga la urgencia que tenemos en Cuba de la anunciada Ley de protección animal, y en medio de la noche mientras mi esposa duerme, escribo estas palabras pensando en esos adolescentes que deambulan por la ciudad con tirapiedras y lapidan especies valiosas por el simple placer de matar.

Quienes a fines del siglo xix diezmaron la población de carpinteros reales con el objetivo de vender los ejemplares a coleccionistas, y las empresas madereras que promovieron la tala de bosques de pinos maduros, nos privaron de contar con el picamaderos picomarfil en el presente. ¿Qué decir de estos "cazadores actuales" a los que les basta abatir al ave y dejarla agonizante al pie del árbol? Antes de terminar este texto, hago clic en mi reproductor de audio y escucho por enésima vez el canto grabado de un carpintero real, canto que quizás nunca más estremezca la calma de la campiña cubana. El domingo 23 de febrero de 2020, mis dedos se mancharon con la sangre de un carpintero jabado, que como ustedes han podido comprobar, no fue a parar a mis pies por casualidad.



Moisés Mayán Fernández (Holguín, Cuba, 1983): Licenciado en Historia. Poeta, narrador y editor. Ha publicado los libros de poesía Fábula del cazador tardío (2007), El monte de los transfigurados (2009), Cuando septiembre acabe (2010), El cielo intemporal (2013), y Raíz de yerba mate (2015). Muestras de su obra aparecen en numerosas antologías en Cuba y en el extranjero. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Colaborador asiduo de boletines, revistas y blogs de temáticas diversas. Aficionado a la criptozoología y a la pesca deportiva.




Para saber más:

Muchas gracias a Moisés Mayán por querer publicar su nuevo artículo en Criptozoología en España. Si deseas leer los demás trabajos de este genial investigador puedes hacerlo en los siguientes enlaces:


viernes, 28 de febrero de 2020

¿DESCUBRIERON LOS ESPAÑOLES AL TILACINO EN EL SIGLO XVII?, El viaje de Luis Vaéz de Torres (1605-1607) por la isla de Nueva Guinea, de Carlos A. Font Gavira


Carlos A. Font Gavira
Nos encontramos en plena conmemoración de la Primera Vuelta al Mundo (1519-1522) cuya génesis fue el proyecto capitaneado por Fernando de Magallanes (1480-1521), el cual era alcanzar las islas de la Especiería (actual Indonesia) por el Oeste, evitando la ruta establecida por sus compatriotas portugueses. Después de un viaje muy accidentado, tras la muerte de Magallanes en Mactán (Filipinas) en 1521, el vascongado Juan Sebastián Elcano culminaría con éxito el viaje de regreso a España, con las bodegas de la nao Victoria repletas de especias y, lo más importante, con la magna hazaña geográfica de haber circunnavegado la esfera terrestre por primera vez. Tamaña gesta abrió los horizontes geográficos de Europa hasta límites insospechados. Sin embargo, durante siglos, ha habido zonas que han permanecido en la duda entre lo desconocido y lo probable. Uno de estos enigmas seculares lo constituyó la “Terra Australis Incógnita”.

1.-En busca de la Terra Australis

Desde los tiempos de la Antigüedad clásica este concepto hacía referencia a una masa enorme terrestre que, según la lógica de la época, debía equilibrar las masas de tierra del Hemisferio Norte. Por tanto una nebulosa geográfica se posó en la mente de los geógrafos, comerciantes, viajeros y navegantes de todos los siglos. Con el comienzo de la Edad Moderna y el inicio de la era de los descubrimientos geográficos, para Occidente, se abrió un campo inconmensurable de posibilidades. Tras el descubrimiento del Océano Pacífico, o la “Gran Mar del Sur”, por parte de Núñez de Balboa (1513), los navegantes hispanos siguieron con su idea de alcanzar las costas de Asia (Catay/Cipango) hacia el Oeste, que fue el proyecto primigenio de Cristóbal Colón. Este interesante capítulo de la Historia de España, la de la exploración del Pacífico, estuvo jalonado de expediciones en las que no faltaron el valor ni el derroche de pericia.

El Tratado de Zaragoza (1529) delimitó las áreas de expansión y exploración para portugueses y españoles, los únicos capacitados por aquel entonces, en emprender grandes viajes de descubrimiento y exploración. El Emperador Carlos V prefirió no tener problemas con los portugueses y renunció a todos sus derechos sobre las Molucas en favor de Portugal. A partir de esa fecha, España concentró sus esfuerzos en colonizar las islas y tierras que se descubriesen al Este de las islas Molucas. Inconscientemente, y desde el punto de vista geográfico, el tratado firmado abría la posibilidad a España de descubrir y colonizar islas como Nueva Guinea o la mismísima Australia.

Tratado de Zaragoza (1529)

Hay que hacer especial mención a las expediciones de Álvaro de Mendaña (1541-1595), en 1567 y 1595, que, aunque muy espaciadas en el tiempo, realizaron importantes descubrimientos geográficos en el Pacífico y representaron los primeros intentos serios de colonizar los grupos de islas que iban descubriendo (Islas Salomón e Islas Marquesas). La expedición de 1567 pretendió crear una colonia de poblamiento en las islas Salomón al frente de dos naves. Hubo discrepancias durante el viaje, ya que Sarmiento de Gamboa (capitán de la nao capitana Los Reyes) y Pedro Ortega (maestre de campo) defendían navegar hacia el Sur, pues consideraban que estaba cerca de la isla de Nueva Guinea; por cierto, descubierta por otro español, Íñigo Ortiz de Retes, en 1545. La expedición navegó al sureste para hacerlo, posteriormente, hacia el norte del Ecuador, por recomendación de Hernán Gallego, para regresar a Nueva España (México). Si Sarmiento hubiese impuesto su criterio, quizás las naves españolas hubiesen recalado en Australia.

Un proyecto aún más ambicioso y temerario lo representó, pocos años después, Pedro Fernández Quirós (1565-1614), quien estaba llamado a perdurar su nombre en las tierras e islas australes. Hombre dotado de una gran religiosidad y fervor católico, visitó Roma para obtener el apoyo del Papa Clemente VIII para evangelizar las futuras tierras descubiertas. Quirós pretendía descubrir la Terra Australis Incógnita y ejercer en ella una especie de empresa misional con el patrocinio de la Monarquía Hispánica, en cabeza del rey Felipe III, y la bendición de la Santa Sede por parte del Papa Clemente VIII. 

Siguiendo la estela de Mendaña, Quirós partió del Callao (actual Perú) con tres naves y cerca de 300 hombres entre soldados y marineros, llevando por segundo jefe a Luis Váez de Torres. Se conoce al detalle todo lo referente a la expedición por el memorial dirigido por el mismo Quirós al rey Felipe III, en el que detalla, después de tocar varias islas, cómo arribaron el primero de mayo de 1606 a una gran bahía en una tierra que Quirós pensó que era, no una isla, sino una porción continental. Quirós bautizó esta isla, perteneciente al actual archipiélago de Nuevas Hébridas, como “Austrialia del Espíritu Santo”.

Ampliación del mapa "Descripción de las Indias Occidentales"
del cronista de Indias, Antonio de Herrera (1601)

Llegamos a una cuestión trascendental, que va más allá de la toponimia puesto que, al contrario de lo que pueda parecer, Quirós denominó a este descubrimiento Austrialia, no por ser austral, sino, como escribió después al rey Felipe III, por feliz memoria de su Rey y por el apellido de Austria que ostentaba. Por tanto Austrialia no sería equivalente a la Terra Austral sino a “la tierra de los Austrias.” Para despejar cualquier ápice de duda, nos remitimos a la documentación, en este caso el diario de Quirós. Merece la pena resaltar la solemnidad religiosa, como de misión divina, con que plasma la toma de posesión de las nuevas tierras: “Yo, el Capitán Pedro Fernández de Quirós, en estas partes que hasta agora han sido incógnitas, en nombre de Jesucristo, hijo de Eterno Padre y de la Virgen Santa María, Dios y hombre verdadero enarbolo esta señal de la Santa Cruz (...)”, para a continuación nombrar a su valedores, el Papa y el rey de España (por ese orden).

A la sazón no era nada extraño bautizar con nombres o apellidos de soberanos o personajes ilustres las nuevas tierras descubiertas: las islas Filipinas se llaman así en honor de Felipe II, las Marquesas por el Marqués de Cañete (virrey de Perú en 1595), las Marianas en referencia a la reina consorte Mariana de Austria (1649-1665), segunda esposa de Felipe IV, las Carolinas en recuerdo a Carlos II (1661-1700), y Austrialia como “la tierra de los Austrias”. Coherente todo, ¿o no? 

Los descubrimientos de Quirós no pasaron desapercibidos para el resto de potencias europeas, en especial para la flamante Holanda que, aprovechando la Tregua de los Doce Años (1609-1621), un respiro en su guerra contra la Monarquía Hispánica, empezaba a labrar su pujanza comercial y naval. A la zaga de las exploraciones hispano-portuguesas, los descubrimientos holandeses en el litoral australiano hicieron que en los mapas cartográficos de la época se conociera como Nueva Holanda, término que luego se extendió a todo el continente. La Austrialia de Quirós quedaba desplazada de los mapas a pesar de que cuando el navegante portugués realizó su descubrimiento en 1606 el Rey lo era a su vez de España y Holanda (Flandes).

2.-Catálogo de fauna desconocida


Imagen de la crónica de Diego
de Prado y Tovar
La travesía de Quirós recaló en infinidad de islas pertenecientes a Melanesia y a la isla de Nueva Guinea. En muchas de ellas les salieron nativos con diversas intenciones, desde los amistosos y pacíficos hasta entablar verdaderas escaramuzas armadas con otros. Una parte vital en el estudio de este trascendental viaje la constituye el testimonio escrito del mismo. Debemos la crónica del viaje a uno de los capitanes embarcados en la expedición, Diego de Prado y Tovar (1550-1645). Ingeniero militar y miembro de la Orden de Calatrava este capitán dejó escrito una magnífica relación, por sus detalles y descripciones, del viaje de Luis Vaéz de Torres. Bajo el título de “Relación Sumaria del descubrimiento que empezó Pedro Fernández de Quirós, portugués en la mar del Sur en las partes australes hasta la isla la grande Austrialia del Spíritu Santo”, encontramos datos geográficos, anotaciones náuticas, descripciones etnográficas y, si somos observadores, comentarios sobre un catálogo de fauna desconocida. Criaturas de Oceanía que nunca habían sido vistas por ojos europeos.

Las primeras descripciones apuntan a animales conocidos, con especial detenimiento, a la apabullante riqueza en aves. Así se anota que “hay muchas gallinas blancas y mayores que las nuestras de color morado oscuro con puntas blancas que van por los árboles y faisanes muy pintados de que hay por toda esta tierra y muchos pavos reales.” Era habitual que los exploradores y navegantes europeos asimilaran las nuevas especias encontradas con los referentes animales que conocían del Viejo Mundo. Dada la enorme variedad de especies de pájaros y aves que pueblan las islas de la Sonda y Nueva Guinea sería complicado acertar con las especies concretas a las que se refiere la relación del viaje. 

Cacatúa
Hay un ave que Diego de Prado describe como “papagayos” pero que siguiendo con la descripción nos percatamos, sin duda, de que pájaro es: “aquí vimos muchos papagayos unos muy blancos con una corona en la cabeza de plumas amarillas y el pico y pies son negros.” La cacatúa hace acto de presencia. El ave emblema de Australasia ya que se extiende por Australia, Filipinas y varias islas de Indonesia. La especie de color blanco con su corona amarilla es la más conocida pero hay diversas especies con variedades cromáticas igual de atractivas. Diego de Prado apunta algunas de ellas como “otras mayores de color morado con manchas por el cuerpo de color amarillo y colorado y las alas verdes y amarillas y coloradas pico y pies colorados. Hay otros todos colorados de color encendido”. Incluso, como buen observador, el cronista español anota una característica común a todas las cacatúas: su fuerte graznido. El leonés apunta “que graznan muy fuerte de la manera ay ay ay ay yaya yaya ay” que confundió con el alarido de guerra de algunos nativos emboscados.


Los españoles a cada ocasión preguntaban a los nativos por las tierras de los alrededores para poder orientarse. En tales rudimentarios intercambios de información los nativos mencionaban otros animales cercanos como, por ejemplo, los búfalos. El capitán español pregunta a los nativos por las islas cercanas y anota que hay “una tierra muy grande y que había animales grandes con cuernos en la cabeza que son búfalos que los adoran por dioses para que no les hagan daño.” No parece un gran descubrimiento, al tratarse de un animal conocido, pero la intriga viene por el área geográfica en que se encontraban los expedicionarios españoles. 

El viaje de Vaéz de Torres recorrió islas del Pacífico, parte del litoral de Nueva Guinea antes de recalar en Manila (Filipinas) en 1607. El búfalo asiático (Bubalus bubalis) está presente en todo el Sureste Asiático pero no es una especie natural de Nueva Guinea. Los búfalos fueron introducidos (al igual que en Australia) por los británicos en el siglo XIX. Por tanto, ¿a qué islas se referían los informantes de Prado?

En Indonesia, en la isla de Célebes, habita un conglomerado de pueblos que reciben  el nombre de "torajas". Estos pueblos han recibido la atención de antropólogos y científicos por sus pintorescas costumbres, entre las cuales, se cita su particular culto a los muertos. También destacan sus rimbombantes casas de madera con el tejado en forma de barco para algunos y para otros en forma de cuernos de búfalo. Alguna de las testas de los imponentes bóvidos, ya descarnadas por el paso del tiempo, adornan la entrada de estas casas. También los búfalos son compañeros omnipresentes en las tareas agrícolas y parte imprescindible de las relaciones económico-sociales de los torajas. El búfalo es un valor en sí como símbolo de prosperidad y tótem de su cultura.

Búfalo
Por tanto, ¿conocían los nativos de Nueva Guinea las islas Célebes? Dentro del universo isleño que conforma el archipiélago de Indonesia (conformado por más de 11.000 islas) no parece descabellado. Con la colonización hispana de las Filipinas, el epicentro de su presencia se irradió por otros archipiélagos e islas del Pacífico como Guam. Los españoles, que la denominaban Guaján, la convirtieron en escala imprescindible para la ruta del Galeón de Manila e introdujeron los búfalos de agua (carabaos) provenientes de Filipinas, en la isla.


Otras criaturas menos amables entraron en contacto con los expedicionarios españoles en aguas de Nueva Guinea. Fue el caso del reptil más grande y poderoso del mundo: el cocodrilo marino. Diego de Prado refiere en su crónica que "todas las noches a las siete horas, en San Lucas por haber entrado en él su día, venía al navío un caimán que tenía de largo más de cuarenta pie, fiera bestia sin duda que debía de estar cebado en el pueblo de los indios y haberse comido algunos según era puntual en su venida." El testimonio es terriblemente verídico pues sabemos, a la luz de la ciencia actual, los gustos antropófagos de los cocodrilos marinos. 

Todos los años varias personas sucumben en las poderosas mandíbulas de estos enormes reptiles en su gran área de distribución: Sureste Asiático (India, Birmania, Indochina, Malasia e Indonesia) y la isla de Nueva Guinea, Norte de Australia e incluso llegan a colonizar algunos archipiélagos oceánicos como las islas Salomón. El tamaño que apunta Diego de Prado no es nada exagerado pues los cocodrilos marinos pueden llegar a rebasar los siete metros de longitud y pesar más de una tonelada. El uso que hace del término "caimán" no es nada contradictorio, pues los españoles ya llevaban más de un siglo asentados en América donde los caimanes son muy comunes, por tanto, los marineros y soldados de Vaéz de Torres identificaría a los cocodrilos con sus parientes americanos de menor tamaño.

Quizás la crónica avanza en interés científico y zoológico cuando se topan con un curioso animal, prácticamente indescriptible. Tiene más interés aportar la descripción que se hizo de tal criatura para luego encajar una posible explicación: "Un pájaro mayor que un cisne de color pardo oscuro y del pico agudo que no tenía lengua ni alas y en los encuentros de ellas tenía por cada parte cinco púas como las espinas del puerco espín y blancas y negras, comía guijarrillos." La comparación de la extraña criatura con las aves parece casual, pero increíblemente previsora. 

Equidna

El animal con que se toparon era, nada más y nada menos, que un equidna. Criaturas antiguas, del orden de los monotremas, que junto a los ornitorrincos (también endémicos de Australasia) son los únicos mamíferos capaces de reproducirse mediante la puesta de huevos. La descripción es tosca pero muy real pues alude al aspecto exterior de un equidna, que se asemeja a un erizo, o como apunta Diego de Prado, a un puerco espín. Incluso aporta el sugerente detalle que come con la lengua con su pico agudo (se refiere a la pequeña trompetilla del equidna). Los españoles alucinaron al ver animal tan extraño y decidieron regalárselo como mascota al maestre de campo Juan de Esquivel.

3.-¿Un tilacino en Nueva Guinea?

Tal catálogo de criaturas extrañas debió sorprender hasta al más rudo soldado de los embarcados en las naves de Quirós y Vaéz de Torres. Pero ahora llegamos al plato fuerte de este menú natural en tierras extrañas. Los españoles, explorando un claro de la selva encontraron un animal que es el que recaba más dudas y preguntas sobre su posible identificación. Una criatura que puede hacernos imaginar pero no apuntar con el dedo de la certeza. Reproducimos íntegramente el pasaje de la crónica de Diego de Prado donde se da cuenta del encuentro con este animal: “También vimos un campo muy grande de jengibre que dios solamente le cultiva y los naturales no saben qué cosa sea aquí matamos un animal que es de la estatura de un perro más pequeño que un galgo con la cola pelada y escamada como la de la culebra cuyos testículos cuelgan de un nervio como un cordel delgado dicen que será el castor. Le comimos y será como carne de venado.” 

Primer plano del tilacino conservado en el Museo de Ciencias Naturales
de Madrid. (Foto: Carlos A. Font Gavira)

La duda es obligatoria ¿se comieron los españoles un tilacino?, ¿es la descripción de un tigre de Tasmania pero en Nueva Guinea? El primer dato morfológico es la comparación con un perro, en concreto un galgo, lo cual no es descabellado. En un ejemplo maravilloso de convergencia evolutiva, los tilacinos eran muy similares aparentemente a los cánidos, con los que no tenían ningún parentesco. Según las descripciones más fehacientes sobre tilacinos, éstos medían entre 100 y 180 cm de longitud, incluyendo una cola de 50-65 cm. Los ejemplares adultos tenían una alzada de 60 cm y pesaban entre veinte y treinta kilogramos. La comparación con un galgo, (perro de tamaño medio) es oportuna puesto que los expedicionarios españoles bien conocían a este cánido y lo tomaremos como modelo.

Un galgo español tiene un físico ligero, complexión atlética y miembros proporcionados. Los adultos miden entre 62 y 70 cm con un peso entre 25-30 kilogramos. Por tanto las descripciones del supuesto tilacino encontrado y un galgo son bastante similares. Esta comparación puede encajar pero hay un aspecto, indiscutiblemente asociado al tilacino, que a Diego de Prado y Tobar se le escapa: su coloración.

Por los ejemplares disecados que conservamos del tilacino asi como por las fotografías que se hicieron del animal, la mayoría muertos en las constantes cacerías que padeció, se adivina un pelaje corto y una cola rígida. El pelaje pardo amarillento del animal estaba adornado con un ramillete de entre trece y veintiuna rayas negras distintivas en la espalda, el torso y la base de la cola. En base a este parecido el marsupial depredador recibió el apodo de “tigre de Tasmania” que ha quedado como sinónimo del animal. La descripción de Prado omite cualquier referencia a un animal rayado por tanto ¿nos estamos refiriendo al mismo animal? Eso sí, aporta la descripción una serie de características físicas reconocibles como el tamaño de los genitales así como la cola escamosa. Hay un animal marsupial que posee una cola escamosa, la zarigüeya, pero es nativo de las Américas.

Benjamin, el último tilacino

Nueva Guinea, en la actualidad, representa una isla desafiante repleta de biodiversidad. Gran parte de sus selvas y  montañas están inexploradas y los equipos científicos han descubierto cantidad de nuevas especies. En 2009 en un paraje de selva tropical, alrededor del cráter del volcán Bosavi, se encontró una especie de rata gigante. A pesar del tamaño del roedor, de unos 82 centímetros de largo y un peso de 1,5 kilos, se aleja mucho del tamaño de la criatura que puebla el relato de Diego de Prado. Por muy voluminoso que fuera el roedor distaría mucho de asemejarse a un perro.

Parece que hemos encallado en los candidatos a resolver el misterio del animal que encontraron los españoles en Nueva Guinea a comienzos del siglo XVII. Hay vagas referencias a perros guardianes que vivían junto a los nativos y vigilaban sus casas. En Nueva Guinea existe una especie de dingo, el perro salvaje australiano, con matices. Es el conocido como perro cantor de Nueva Guinea (Canis Lupus hallstromi) llamado así por sus característicos aullidos que asemejan un lánguido canto. Los españoles, acostumbrados a ver y tratar con perros en España, dudo que establecieran muchas diferencias en caso de haberse encontrado con estos perros salvajes. 

El enigma de la criatura nos dirige, casi de manera ineluctable, al propio enigma de la presencia o no del tilacino en la isla de Nueva Guinea. La isla de Tasmania parece que fue el último refugio de este marsupial carnívoro pero las dudas que se planteaban sobre su presencia en la isla-continente de Australia quedaron despejadas. Algunos petroglifos y pinturas rupestres del Norte de Australia recrean la figura de un tigre de Tasmania e, incluso en 1990 se descubrió un cadáver momificado en una cueva de la llanura de Nullarbor, en Australia Occidental.

Tilacino representado en un petroglifo hallado en Wary Bay,
Bigge Island, Kimberly Coast (Australia)

Últimamente la gran isla salvaje de Nueva Guinea se presenta como el plausible último refugio del tigre de Tasmania aunque presentando las lógicas reservas. Los rumores de su presencia son constantes y han captado la atención del Dr. Karl Shuker quien piensa que en las zonas menos exploradas de la isla, como las Montañas Foja en Irian Jaya (parte occidental de la isla de Nueva Guinea), pueden esconderse los últimos tilacinos. Según testimonios recogidos sobre el terreno de las tribus nativas, se habla de un animal parecido a un perro conocido como “dobsegna”, con grandes fauces y una cola larga y recta. Marchamos inconfundibles de un tilacino, o ¿una nueva especie de depredador marsupial?

De seguro que la gran isla de Nueva Guinea nos seguirá sorprendiendo con las criaturas desconocidas que atesora. Un mundo perdido que empezó a revelar sus secretos tímidamente a los navegantes españoles y portugueses que lograron surcar sus aguas hace cuatrocientos años.


MÁS INFORMACIÓN

-El gran libro de la criptozoología. Gustavo Sánchez Romero, David Heylen y José Gregorio González. Edit.EDAF.2008.

-Proyecto Gutenberg Australia. “New light on the discovery of Australia.” As revealed by the journal of Captain Don Diego de Prado y Tovar. Edited by Henry Stevens. London. British Museum.1930.

http://gutenberg.net.au/

-¿Es posible que el lobo marsupial se esté ocultando en Nueva Guinea? Mongbay Latam. Periodismo ambiental diferente. Jeremy Hance. 11 septiembre 2013.

https://es.mongabay.com/2013/09/es-posible-que-el-lobo-marsupial-se-este-ocultando-en-nueva-guinea/

Nota del autor: los pasajes extraídos de la relación de Diego de Prado han sido transcritos con nuestra actual ortografía para facilitar su lectura.


Carlos A.Font Gavira (Los Palacios, Sevilla. España. 1983). Historiador e investigador. Miembro de la Asociación Española de Africanistas (AEA) y Postgrado“Especialista Universitario en Archivística” por la UNED. Colaborador en publicaciones divulgativas de Historia como “La Aventura de la Historia”, “Historia de España y el Mundo” y “Clío”. Amante de los viajes a lugares recónditos como Etiopía, Camboya, Mongolia, Siberia, etc, en busca de historias del pasado humano y natural. Actualmente está preparando su tesis doctoral sobre el refugio de la colonia alemana del Camerún en la Guinea española durante la Primera Guerra Mundial.


sábado, 15 de febrero de 2020

Esta noche, Javier Resines en Misterio en Red: Teratología insólita


Con motivo de la salida a la venta de la colección del Museo de Animales Deformes de Mallorca, nos adentramos en el curioso mundo de la teratología, la deformidad de animales y seres humanos.


Repasaremos la historia de este mueso, conoceremos la existencia de otros en nuestro país y revisaremos algunos casos clásicos y modernos protagonizados por verdaderos monstruos de la Naturaleza.

Puedes escucharnos, a partir de la medianoche, en Radio Mijas 107.7 FM (Málaga) y en la web de www.mijascomunicacion.org



viernes, 14 de febrero de 2020

Esta noche, Javier Resines en Otros Mundos: la criatura de Monkey Island


Hace pocos días una extraña y deforme criatura apareció en una playa cercana a Monkey Island, en Carolina del Sur.¿Un simple animal en estado de descomposición? ¿O una mutación procedente de las instalaciones secretas de la isla, plagadas de monos infectados de hepatitis B?


A continuación, puedes ver el vídeo grabado por la testigo.




Escúchanos esta noche -a partir de las 22.00 horas- en nuestra web www.otrosmundos.net/ o www.radio-antorva.com/ o www.radiomolina.com/ También en la aplicación gratuita TUNEIN y Google Play para móviles o celulares desde cualquier parte del mundo en Radio Antorva, Canal 1. Emisión por Facebook Live en nuestra página: Otros Mundos - La Nave del Misterio y, en nuestra emisora Radio Compañía 98.8 FM.


martes, 11 de febrero de 2020

Esta noche, estreno de “Criaturas legendarias”


Canal Historia estrena hoy la primera temporada de “Criaturas legendarias”, una serie documental compuesta por seis episodios que narra los secretos de la mitología ibérica. Seres fabulosos como el basajaun, en el País Vasco; el cuélebre, en Asturias; los follets, en Cataluña;  las anjanas en Cantabria y muchos otros, desfilarán por la pantalla del televisor reflejando  la riqueza de nuestro folklore.


El primer capítulo, que podrá verse a partir de las 22.00 horas, se centra en la figura legendaria del dragón. En España el dragón extiende sus alas desde el Atlántico al Mediterráneo, adoptando formas distintas, pero inspirando el mismo temor. En este episodio  nos adentraremos en las cuevas cantábricas, donde habita el terrorífico cuélebre; exploraremos los castillos catalanes, rastreando el origen de Sant Jordi y el Drac; y nos sumergiremos en otras muchas leyendas de dragones que pueblan cada rincón de este país.

A continuación -y a mi modo de ver de manera inexplicable- la cadena emitirá el segundo episodio de la serie, dedicado a los seres de las profundidades.

La intención de los creadores no es únicamente conocer el origen de estos seres, sino desvelar la realidad que se esconde tras cada mito. Entre los casos que aparecen en la serie, se presenta una investigación que intenta esclarecer el porqué de la quema de brujas durante la Inquisición o quién fue realmente el hombre-pez de Liérganes, entre otros.

Imágenes de la serie

La serie cuenta con recreaciones que guiarán al espectador a través de las transformaciones de estos seres por todo el mundo. Además, aparecerán los testimonios de numerosos expertos procedentes de disciplinas como la historia, la psicología, el arte o la ciencia.

Los restantes cuatro capítulos de la serie estarán dedicados a los habitantes del inframundo, guardianes del bosque, brujas y hechiceras y el mundo de los duendes, que pondrá fin a esta primera entrega de la serie